La dramaturga Yaiza Ramos lleva el porno al teatro y nos empuja a sostener la mirada
- hace 2 días
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Las autoras que incomodan abren grietas donde antes había costumbre.
Yaiza Ramos pone el foco en esa herida que lleva ya años rompiendo cuerpos y generaciones: la normalización de la violencia sexual a través del porno.
Su obra es un acto político y poético que se atreve a nombrar, a observar y a desmontar el deseo aprendido.
¿Ya conocías la obra Del amor al NoPor?
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El punto de partida de la obra es tan incómodo como necesario: la normalización de la violencia sexual a través del porno. ¿Qué te llevó a poner este tema en el centro del escenario?
Cuando me pongo a escribir esta obra lo hago porque me he dado cuenta, a nivel personal, de que vivimos en una sociedad pornificada, que todos los caminos nos conducen al porno de una forma u otra: a través de la cosificación de la mujer, la banalización de la violencia, la dificultad para identificar la violencia sexual o nombrarla sexo… Toda esta problemática que afecta principalmente a niñas y mujeres me preocupa personalmente y me interesa abordarla desde la ficción, para preguntarme dos cuestiones: ¿Las mujeres conocemos nuestro propio deseo o hemos asumido que nuestro deseo es el que determina el patriarcado? Y ¿ Por qué hemos llegado a erotizar la transgresión de los límites de las mujeres?
El título evita nombrar directamente la palabra “porno” y la sustituye por “NoPor”. ¿También en el teatro existe esta censura incluso con obras críticas? ¿Por qué tenemos porno hasta en la sopa y no se nos permite nombrarlo?
Qué interesante y oportuna pregunta… Creo que hay que tener en cuenta que existe un teatro institucional que rara vez quiere mojarse con temáticas “polémicas” o con obras que señalan desde la ficción cómo estamos perpetuando la mayor opresión que sufren las mujeres por el hecho de serlo: la violencia sexual.
Estamos en una etapa un poco oscura porque la censura se ha visto claramente en muchas ocasiones donde gobierna la extrema derecha. Además, antes de que llegaran al poder, ya existía mucho miedo por mostrarse como artista reivindicativa. Creo que la última huelga de actores que se hizo fue en 1975…
Efectivamente, tenemos el porno en todas partes y al estar tan normalizado no lo vemos ni lo queremos ver. Decidí poner NoPor en vez de porno por la censura en redes sociales y porque así nos referimos muchas veces las feministas y, también, los consumidores de pornografía (porneros).

Como sabes, la edad de inicio de consumo de pornografía ha bajado en los últimos años de los 8 a los 6 años. ¿Crees que nombrar, conceptualizar y hacer crítica en voz alta puede ayudar a frenar toda esta violencia? ¿Qué puede aportarle el teatro al activismo en contra de la violencia sexual?
Las feministas sabemos que lo que no se nombra no existe. El feminismo ha hecho una gran labor nombrándolo en espacios de conciencia, en jornadas educativas, congresos… Ahora tenemos que salir a contar esto mismo fuera del ámbito del feminismo. Tenemos que llegar a personas que no se acercan a la literatura feminista pero que sí se pueden sentar en una butaca del teatro de su pueblo a ver la historia de una niña que un día se encuentra un VHS porno y que en ese momento puedan ver que esa niña podría ser ella, su hermana, su madre o la chica que tiene sentada a su lado.
¿Crees que estamos educando el deseo o dejándolo en manos de algoritmos? ¿Cómo cambiarías eso? ¿Crees que el teatro puede aportar en el ámbito de la educación sexual de niños y adolescentes?
El algoritmo nos está comiendo la tostada. Estamos “encerradas” con las personas que piensan igual o muy parecido a nosotras y tenemos que salir de ahí. Hay que salir a las calles y ser insistentes porque el deseo que están construyendo niñas y niños parte de la violencia y de la sumisión hacia las mujeres, por no vernos como seres humanos.
El teatro nos suele contar un viaje. En este caso, se trata del viaje de una heroína de los 8 a los 40 años y vemos cómo, a partir del consumo de pornografía, empieza a preguntarse qué es el sexo, el deseo, quién o qué determina cómo se tienen relaciones sexuales…Cuando esta niña crece la vemos “empoderarse” con todo lo que ha visto pero también la vemos dudar. Esta me parece la gran potencia del teatro. Porque todas hemos podido caer en la idea de que erotizar nuestra propia sumisión era el camino que había que tomar en una relación sexual y puede que poco a poco –o, incluso al ver la función– empecemos a dudar si la persona con la que compartimos algo tan íntimo y puede que amemos, queremos que nos agreda.

En términos escénicos, ¿cómo se construye del amor al NoPor? ¿Qué lenguajes —texto, cuerpo, silencio, ruptura— utilizáis para sostener un tema tan delicado sin caer en lo explícito ni en la reproducción de la violencia?
He catalogado Del amor al NoPor como una farsa dramática feminista. En esta función tratamos un tema muy duro y casi tabú pero lo hacemos con mucho juego. Aprovechamos la curiosidad imparable de la niña pequeña en una edad en la que están con una metralleta de preguntas (¿y por qué esto? ¿y por qué lo otro?, y ¿por qué, por qué por qué…?) y le sumamos el porno. Esto construye escenas imposibles, oníricas y sarcásticas. Desde el inicio de los ensayos tuve claro que habría una línea roja: en esta obra se habla de pornografía pero nunca se reproduce ninguna de esas situaciones. Parecía casi inevitable que alguna actriz no tuviera que sexualizarse, pero conseguimos el punto idóneo para contar lo que queríamos y conseguir emocionar sin mostrar un material pornificado.
¿A quién interpela esta obra: a quienes consumen, a quienes miran hacia otro lado, a toda la sociedad?
Yo creo que esta obra interpela principalmente a las niñas y mujeres. Aspiro, a pesar de lo doloroso que pueda ser, que las que vengan a ver la función se sientan identificadas con la protagonista o con algunos de los pasajes de la función.
También es cierto que es imposible no interpelar a familias y a hombres, en concreto. En esta obra aparecen muchos personajes masculinos -interpretados siempre por mujeres (Aisha Wizuete y Estefanía de los Santos)- y realizan varios roles como el de padre, abuelo, terapeuta o incluso un suscriptor de OnlyFans. Me interesa que los hombres vengan y se cuestionen.

En tu rol de directora, ¿a Yaiza Ramos le interesa incomodar al público? ¿Qué tipo de incomodidad busca generar?
Me dicen mucho que busco incomodar y, si te soy sincera, nunca ha sido mi objetivo. Empecé a escribir esta obra porque sentía que había algo que me dolía con todo este tema. Era una suma de indignación y búsqueda de justicia. Con el tiempo he pensado que si me suelen decir que quiero incomodar es porque no se dan cuenta de que lo que nos incomoda a las mujeres es vivir en un constante terror: el terror de pensar que en cualquier momento de tu vida eres potencialmente violable y mercantilizable. Yo creo que lo que busco es sanar.
¿Qué reacciones te han sorprendido más hasta ahora?
A mí me sorprende mucho que el público esté totalmente callado durante la función. El tema les atrapa y les da reparo reírse en algún momento más distendido.
He notado que tienen la imperiosa necesidad de hablar justo después de la función. Contar su situación o la de menores que tengan a cargo. A mí me alegra mucho haber conseguido algo que ni me proponía: hablar de educación sexual. Es por ello que siempre intentamos hacer coloquios después de la función.
Cuando el público sale de la sala, ¿qué te gustaría que ya no pudiera seguir viendo igual?
¿Sabes algo que me provoca mucha frustración? Que todo lo relacionado con OnlyFans o plataformas similares se convierta en chiste. He visto a gente reírse solo al oír “OnlyFans”. Y me gustaría mucho que, al salir de esta función, dejaran de banalizar la prostitución 2.0.
Si tuvieras que definir la obra en una sola imagen o sensación, ¿cuál sería?
Yo la definiría con María Algora (la niña protagonista) saltando a la comba y cantando. Porque lo que nos hace la pornografía en cualquier edad de nuestras vidas es robarnos la inocencia y la compasión.


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