7 Falacias sobre explotación reproductiva. Vol II.
Hay Vol I, tanto en Instagram como en esta misma web. Donde abordo argumentos como la generosidad y el altruismo que hay supuestamente detrás de la explotación reproductiva de las mujeres, el mito de que las mujeres somos "libres" en el contexto en el que se da la explotación o la idea de que las feministas somos unas puritanas por oponernos a esta práctica.
En este segundo volumen me centro especialmente en el uso de la comunidad LGBI como coartada y en el empleo de terminología que busca maquillar la realidad.
¡Al lío!
«Pobrecitos gays, si no explotan a las mujeres y les quitan sus bebés, no pueden ser papás.»
Esto es falacia ad misericordiam. Usa de manera torticera el colectivo LGBI, que despierta sensibilidad por la opresión social y limitaciones históricas. Acto seguido coloca los derechos de las mujeres y bebés por debajo de los deseos de algunas personas LGBI.
La paternidad no es un derecho. Es un deseo.
Podemos y debemos reivindicar que las parejas del mismo sexo tengan exactamente las mismas oportunidades de adopción que las parejas heterosexuales, pero sostener que explotar a mujeres sea un derecho LGBI porque "pobrecitos gays" supone faltar a la ética, a los derechos fundamentales de las mujeres y de la infancia, promoviendo la mercantilización reproductiva y la compra de bebés, e incurriendo en una ad misericordiam de manual.
Esto es explotación, no es un derecho LGBI.

Por fortuna, cada vez más asociaciones e influencers del colectivo LGBI se posicionan contra esta falacia y reivindican el orgullo de formar familias diversas, sí, pero Libres de Explotación Reproductiva.
«El 68 % de la población española está a favor de la explotación reproductiva, lo que implica la necesidad de debatirlo.»
Falacia ad populum.
Como si es el 99%, da igual.
Se legisla en función de los derechos humanos, no en función de lo que opine la mayoría.
¿Cuánta gente quiere pena de muerte para violadores? (me incluyo). ¿Por qué no se abre debate al respecto? Porque vulnera derechos humanos.
Pues igual, por mucho que la mitad de España esté deseando legalizar la explotación reproductiva y la compra de bebés, estas prácticas no pueden incluirse en ningún debate porque vulneran los derechos humanos.
«La explotación reproductiva es una avanzada técnica de reproducción asistida a la que os oponéis las feministas.»
Falacia de petición de principio.
No es una técnica avanzada, ni pamplinas. Dejar embarazadas a las mujeres para luego robarles los bebés es una forma de violencia tan antigua como el propio patriarcado.
Pero es que, en el remoto caso de que aceptáramos técnica como animal de compañía: la “técnica” que se use para explotar a las mujeres no invalida el hecho de que exista explotación y la consiguiente vulneración de derechos.
No importa si me usa de vasija el espíritu santo mediante paloma, el cacique de turno mediante violación o el doctor Ambrosio transfiriéndome un óvulo fecundado... ¡me están explotando igualmente!
«¿Y si una mujer quiere ser explotada gratuitamente por su hermano?»
Falacia del caso excepcional.
No se legisla en función de lo que quiera la hermana de Pepe, se legisla en función de los derechos humanos.
Volvamos al caso de los violadores a los que no se les aplica pena de muerte. No solo da igual que toda España pidiera pena de muerte para los violadores. Es que si Juanito el violador suplicara que lo ejecutaran en la plaza, también sería un NO, porque vulnera los derechos humanos.

Repite conmigo: sea lo que sea, lo proponga quien sea de la manera que sea, si vulnera los derechos humanos es NO.
Sí, hijo, sí, vulnera el derecho de filiación y el derecho básico del bebé, al que se le trata como mercancía.
«Si una mujer se queda embarazada para hacer feliz a su hermano y luego le regala el bebé, no se trata al bebé como mercancía porque es un regalo.»

«Se esté a favor o en contra, existe. Así que o se legaliza ya o las mafias seguirán sacando tajada de las más pobres.»
falacia non sequitur.
Premisa 1: X existe.
Premisa 2: X no va a desaparecer.
Conclusión: debemos legalizar X.
Ese salto lógico nos permitiría defender la legalización de los asesinatos, que han existido siempre y, si se legalizaran, ya nadie tendría que andar escondiendo cadáveres, cuya búsqueda posterior supone un importante gasto público.
Al ser explotación de mujeres en lugar de cualquier otro delito, nos parece más razonable, por lo que sea, llámalo sistema machista.
«Todo en esta vida es explotación. Los albañiles alquilan sus brazos por cuatro duros, las mujeres pueden ganar más alquilando su útero.»
Falsa analogía.
Una cosa es el alquiler de fuerza de trabajo y otra cosa es el alquiler de personas.
Al albañil no le alquilan los brazos: nadie le paga para manipular sus brazos. Al albañil le alquilan la fuerza de trabajo que él realiza con sus brazos de manera autónoma y con pleno control sobre ellos.
Cuando hablamos de mujeres alquiladas para explotación reproductiva, hablamos de alquiler de personas en toda su integridad, que pierden la autonomía y el derecho sobre sus cuerpos.
Estos temitas siempre se confunden cuando hablamos de mujeres, por lo que sea. Seguro que el sistema machista no tiene nada que ver tampoco.
Conclusión
Sea quien sea quien formule el argumento, las falacias siguen siendo falacias.
Por eso es importante aprender a identificarlas.
Cuando una práctica vulnera los derechos humanos, cambiarle el nombre, apelar a la compasión, invocar mayorías, recurrir a casos excepcionales o construir analogías defectuosas no altera el fondo del problema.
Los derechos humanos no dependen de quién los reclame, de cuántas personas los apoyen o de lo emotivo que resulte el argumento.

Para seguir profundizando
Red Estatal Contra el Alquiler de Vientres
Stop Vientres de Alquiler
Acción contra la práctica de la maternidad subrogada
La gestación subrogada contra los derechos de la infancia
Asociación Las Criadas



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