Matria: memoria, música y justicia histórica para las mujeres canarias
- 27 may
- 12 min de lectura
Actualizado: 31 may
Conocer el proyecto Matria es uno de los mejores regalos que he recibido este año. No por ser madre, que no lo soy, sino por ser mujer, hija y nieta, y porque esa línea materna haya sido invisibilizada durante siglos. Bosch es el apellido de mi padre y Molina el de mi abuelo —padre de mi madre—. Empezando por ahí.
Matria nace de la necesidad de descubrir y nombrar las genealogías femeninas que sostuvieron Canarias desde los márgenes: muchas veces sin reconocimiento, sin archivo y sin relato propio.
A través de entrevistas, música y mediación cultural, Nuria y Carmen, creadoras del proyecto, convierten las voces de mujeres canarias mayores de 65 años en canciones, archivo vivo y memoria colectiva, entrelazando feminismo, territorio, identidad canaria y reparación histórica desde una mirada contemporánea y profundamente humana.
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¿Cómo nace Matria y cómo se conceptualiza inicialmente?
Carmen:
Pues mira, tras los dos primeros procesos que hicimos, el de Las Quince y el de Las Seis de Aguere, un Día de Canarias (30 de mayo) me dio por publicar en Facebook algo que me estaba rondando en la cabeza a partir de ellos. Suelo compartir juegos de palabras muy conceptuales y este me salió así: “Matria Canaria”. Claro, con tanta insistencia en la patria, yo estaba viendo la otra vertiente también muy clara, pero siempre minusvalorada. De hecho, hubo una política estatal que la mencionó por aquellas fechas y la ridiculizaron. Sin embargo, en el debate que inspiró la publicación, una lingüista me corroboró su existencia y además desde hacía mucho tiempo.
Ahí quedó. Pero no para Nuria, que lo vio y me preguntó. Entonces fue ella quien tuvo la visión de aglutinar todo el trabajo ya hecho y el que hiciéramos después bajo este paraguas, digamos. Y creó el espectáculo artístico —que, como veremos, es mucho más que eso— con ese nombre.
Actualmente, se presenta como mucho más que un espectáculo musical: es memoria, reparación y justicia histórica. ¿La comprensión del arte como herramienta política para devolver voz a las mujeres silenciadas de Canarias estuvo siempre en el eje del proyecto o llegó después?
Nuria:
Siendo honesta, el proyecto no nació de un análisis sociológico, sino de una pulsión creativa y vital vinculada a mi propia línea materna y a la figura de mi abuela. Surgió con una fuerza telúrica, casi sin etiquetas. Fue en ese proceso de “parto artístico” donde Carmen intervino para aportar la estructura intelectual y conceptual necesaria, integrando este sentir en el marco que ya veníamos trabajando con Las Quince en el proyecto Caracolas.
Lo que empezó como una búsqueda de identidad personal terminó revelándose como una necesidad colectiva de justicia histórica.
Carmen:
Cierto. Recuerdo que no fue una intención explícita que Nuria me trasladara ni algo que yo pretendiera, porque siempre espero a lo que encuentre. Procuro dejar que los datos me hablen y no me adscribo a ninguna corriente específica de investigación, sino que voy a saco con lo que me toque indagar, que puede ser bastante variado.
Cuando me llegó el planteamiento inicial estrictamente musical —es decir, componer canciones con los testimonios de las entrevistas—, analizando la información para las canciones era evidente que no todo cabía en ellas. Ese fue el punto en el que propuse complementar con una exposición y ahí está la clave de lo que has captado.
Sí, es verdad que trasciende lo descriptivo, las anécdotas o esa mirada presentista de destacar lo diferente del pasado, para convertirse justamente en eso: memoria, reparación y justicia histórica. Coincido plenamente. Y es que así fue brotando.
Ha sido algo casi orgánico y se ha convertido en un rasgo consustancial del proyecto, sobre todo al haber incorporado la exposición en el pack. La verdad es que diría que el hecho de que surja siempre, en cada lugar o actividad, con sus coincidencias y particularidades cuando además se les pregunta de forma general por los distintos aspectos de su vida, demuestra que no es un objetivo forzado sino una conclusión ajustada a la realidad.
El proyecto pone en el centro a mujeres mayores de 65 años, guardianas de saberes tradicionalmente relegados al ámbito privado. ¿De qué manera estos testimonios transformaron su propia comprensión de la historia insular?
Nuria:
Lo más revelador ha sido descubrir una cartografía emocional de las islas que no aparece en los mapas oficiales. A través de sus relatos, los límites municipales se desdibujan. Para ellas, el territorio no lo definen las fronteras políticas, sino los caminos y los vínculos.
Esta escucha nos ha permitido transitar una geografía más humana y real, donde comprendemos que el archipiélago es, en realidad, una gran familia extendida. Como gestoras de esta memoria, vemos cómo ese reconocimiento genera un arraigo sólido: cuando los lazos se hacen visibles, la identidad se fortalece.
Carmen:
Desde luego, mi mirada al paisaje también ha cambiado. Incluso en mi propio pueblo. Ha despertado otros sentidos. Y luego, desde el punto de vista de la historia económica, me ha cambiado de una forma brutal.
Tengo claro que la economía de los cuidados, aunque sostenga el sistema, al no estar retribuida dentro de la informalidad, por muy injusto que sea, parece asumida. La precariedad de la que sí se contrata también, incluso en el sector turístico. Hay que pensar que algunas de las entrevistadas han sido, por ejemplo, camareras de piso, conocidas como las kellys.
Pero el sector agrícola —empaquetadoras de tomates y papas— o el textil —roseteras— me abrió un mundo que no solía tener muy presente y permite profundizar mucho en él.
Así que cada proyecto dentro de Matria es un viaje temático, geográfico y temporal que además pone caras y vivencias a lo que serían datos en libros. Vamos, que la Historia en Matria se encarna en personas. Y ya no son solo rostros de hombres ni, ojo, solo de mujeres cualificadas o de estrato social alto.
Y por otro lado, si eres de aquí, además puedes sentirte identificada/o porque esa historia de Tenerife en el último siglo —ya que algunas entrevistadas eran centenarias— atraviesa a tu propia familia. Son como estudios de caso que ejemplifican realidades más amplias.
Y como dice Nuria, nunca vuelves a mirar el territorio igual. Es como un renacer vampírico, que aumenta tus sentidos y sensibilidades…
Lo más revelador ha sido descubrir una cartografía emocional de las islas que no aparece en los mapas oficiales. A través de sus relatos, los límites municipales se desdibujan. Para ellas, el territorio no lo definen las fronteras políticas, sino los caminos y los vínculos.
Frente a una cultura patriarcal que ha invisibilizado a las abuelas como sujetas políticas y culturales, Matria las convierte en archivo vivo. ¿Qué significa para ustedes reivindicar a las abuelas canarias como pilares de resistencia?
Carmen:
Aquí tengo que hacer una puntualización que, ojo, es una corrección a mí misma. Porque cuando propuse como lema eso de “las abuelas canarias hechas canción”, con el tiempo tuve que reconocer que hay ahí también un prejuicio un tanto patriarcal. No todas son abuelas. No se puede caer en el cliché edadista y reproductivo, como si todas hubieran tenido que ser madres.
Y sabemos que lo de “abuela”, según el tono, a veces se usa de manera despectiva. Incluso el emoji de la mujer mayor con moño y pelo blanco revela la imagen anticuada que podamos tener de este grupo de edad.
Pero aunque es una observación que ya he trasladado, entiendo que se sigan usando esos lugares comunes para, precisamente con el contenido, la imagen y las canciones, romper justamente con ese prejuicio.
Dicho esto, sí puede considerárselas abuelas no tanto en un sentido biológico como social: memoria colectiva. La herencia matrilineal. Esa es la otra lectura.
Y al redactar con un trato y representación de igual a igual, por mi parte expreso la resistencia —si quieres llamarla así— de todas estas mujeres ante una vida en una isla más aislada y con dictadura incluida. En definitiva, intento mostrarlas como sujetas activas, alejándome de esa visión estereotipada patriarcal e idealizada de ellas. Son iguales, están insertas en el presente… pero con más pasado.
Nuria:
Por mi parte, quisiera dejar claro que reivindicarlas no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de legitimación cultural. Al convertirlas en archivo vivo aflora una sabiduría técnica y emocional sobre cómo habitar este territorio: desde la gestión del dolor hasta la “fábrica de alegría” que sostenían en lo cotidiano.
Sin embargo, nuestra mirada como artistas es crítica: no queremos “disneylandizar” su pasado. Matria busca honrarlas desde la honestidad, no desde el cliché.
Hablan de “reper[terri]torio etnomusical”, una idea poderosa que conecta territorio, cuerpo y memoria. ¿Cómo traducen entrevistas, palabras y experiencias en un lenguaje sonoro capaz de honrar esa genealogía femenina?
Carmen:
Me ilusiona, de verdad, que destaques ese concepto y preguntes por esa conexión de ideas. Es un juego de palabras que cuadraba tan bien que fue inevitable sacarlo a relucir.
Al principio cotejaba las letras con los contenidos, pero entre que Nuria ya estableció su metodología de inspiración y que las canciones remiten a la exposición completa, esa fase de triangulación se ha superado.
De hecho, al final de los recitales —o conciertos, porque ya empiezan a ser bastantes canciones— la gente se anima a ir a los paneles y escanear los códigos QR que amplían la información. ¿Por qué? Porque ya han conectado a través de la música y la emoción.
Pero si se hiciera una retrocodificación, es decir, señalar en la letra dónde se refleja cada elemento procedente del análisis, se comprobaría cómo Nuria crea ese arte documentado.
Nuria:
Las canciones que conforman Matria no son meras composiciones. Son el resultado de un contacto íntimo y sintonizado con cada una de las mujeres que he conocido.
El proceso de nacimiento de una obra comienza cuando una palabra, una imagen casi cinematográfica o una emoción profunda logra erizar la piel. Ahí nace la melodía que actuará como hilo conductor del relato.
Este “reper[terri]torio” requiere un tiempo orgánico, casi geológico, para integrar la generosidad y la confianza que ellas depositan en el proyecto. No es un trabajo puramente técnico, sino un ejercicio de transustanciación: necesito dejarme empapar por ellas, habitarlas y, por un instante, ser todas ellas para poder representarlas con rigor artístico y ético.
El vehículo es el reconocimiento profundo y el amor. Mi lugar en este proyecto es la escucha activa. Tras una espera densa y lenta, una vez que sus historias me han atravesado, la melodía surge como traída por el aire o el viento.
El proceso de nacimiento de una obra comienza cuando una palabra, una imagen casi cinematográfica o una emoción profunda logra erizar la piel. Ahí nace la melodía que actuará como hilo conductor del relato.
En Matria, tradición y contemporaneidad no se oponen, dialogan. ¿Cómo trabajan esa tensión entre preservar el legado inmaterial y reinterpretarlo desde una sensibilidad artística y feminista actual?
Nuria:
Mi impresión es que esa tensión es externa, no interna. Proviene de un sistema cultural que necesita encasillar para comprender.
Desde la creación nos sentimos profundamente libres: componemos y arreglamos desde el presente porque somos artistas de nuestro tiempo. El reto, desde la gestión y la comunicación, es explicar esa transversalidad a quien no nos ha visto en directo.
Pero una vez que el mensaje atraviesa el cuerpo y el corazón del espectador, cualquier etiqueta desaparece. La tradición no es algo estático; es una materia viva que se resignifica al ser interpretada hoy.
Carmen:
Total. Se me antoja que la clave está en que no fosilizamos. Y el primer punto es el tipo de música que desarrolla Caracolas. No es lo que conocemos con la etiqueta de folclore.
El suyo es un estilo que Nuria define como mestizo actual. El folclore contiene mestizaje, claro, pero ya tiene una ortodoxia. En Matria no hay voluntad de recrear los contenidos a través de la música como si fuera una musealización, sino que se compone como se redacta: de igual a igual.
Es etnomusical en tanto que se documenta con los testimonios, que a veces son ya casi arqueología social, pero es cierto que no hay expresamente una utilización de instrumentos antiguos ni una recreación sonora literal de lo que describen. Y esa es otra vía totalmente válida. Simplemente es diferente.
Y a las participantas parece que les encanta, porque ¿por qué no les iban a gustar otras cosas? Fuera clichés edadistas.
La propuesta genera espacios de mediación cultural donde el público no solo escucha, sino que participa de una memoria colectiva recuperada. ¿Qué buscan despertar en quienes asisten: emoción, conciencia, incomodidad, transformación?
Nuria:
Buscamos la transformación a través de la emoción. La emoción es nuestra herramienta de mediación más potente: cuando alguien se permite ser permeado por Matria ocurre una reconciliación profunda con su propia raíz.
Hemos visto cómo espectadores y espectadoras, tras el concierto, nos escriben para completar la historia de una canción con datos de sus propias familias. Logramos que el público haga un viaje mucho más potente que cualquier tecnología hacia su propia memoria.
Al final, se trata de que cada persona pueda reconocerse y traer al presente a quienes les dieron vida. Eso es generar comunidad.
Carmen:
Todo eso y, añadiría, autoestima cultural. Y empoderamiento en relación a que no las encasillen en la imagen que en el presente podamos tener todavía de ellas.
Por lo tanto también re-conocimiento. Encuentro. Entre ellas, con ellos, con otras generaciones.
No he tenido la oportunidad de evaluar el impacto no ya emocional —que eso se ve y lo comparten porque los chutes de adrenalina tras los conciertos son alucinantes— sino qué han aprendido o si les ha confirmado ciertas intuiciones sobre lo que constituyen sus vidas vistas como contexto cultural y socioeconómico.
Sería ideal que generara reflexión. Y actuación, si cabe. Eso ya es voluntario.
Hemos visto cómo espectadores y espectadoras, tras el concierto, nos escriben para completar la historia de una canción con datos de sus propias familias. Logramos que el público haga un viaje mucho más potente que cualquier tecnología hacia su propia memoria.
El paisaje sonoro de Matria está atravesado por sal, tierra, raíces y mujer. ¿Cómo influye el territorio canario en la construcción estética y política del proyecto?
Carmen:
Es un elemento que está presente en todo momento en lo que cuentan. Y son grandes referencias metafóricas y poéticas para las letras, los textos de la exposición, las piezas audiovisuales de promoción y hasta el diseño gráfico.
Reper[terri]torio es el concepto que aclara que el repertorio musical de Matria refleja y recorre el territorio. Porque justamente sus historias de vida son también las de la transformación salvaje de ese territorio canario y tinerfeño, y con ella la transformación de los modos de vida, de habitarlo y explotarlo.
En este punto puedo reconocer que el análisis está impregnado de ecofeminismo. Sí. Pero es que además Caracoles —el primer grupo y paralelo a Caracolas— forma parte del movimiento internacional Slow Life, y el lugar y propósito social del que parten ambos grupos conecta plenamente con lo que las participantas cuentan en Matria sobre soberanía alimentaria agrícola, ganadera o pesquera y otro modo de vida más tranquilo y menos contaminante.
Todo eso puede tener una lectura política en tanto que lleve a aplicar o votar medidas que no sigan degradando el territorio. Pero lo que no contiene es partidismo alguno.
En un contexto donde las narrativas oficiales suelen borrar las experiencias cotidianas de las mujeres, especialmente de las mayores, ¿qué resistencias han encontrado al intentar legitimar estas memorias como legado cultural?
Carmen:
Diría que esa tendencia ha cambiado mucho. Es más, hay todo un boom alrededor de la economía de la memoria local y, dentro de ella, de la memoria de las mujeres.
Otra cosa es que las políticas públicas realmente tengan en cuenta esta memoria para reconocerla o para concretar soluciones que faciliten la vida cotidiana y corrijan inercias históricas.
Ahí sí me parece que “Papá Estado”, para según qué áreas, sigue fallando para con nosotras. En seguridad y urbanismo, por ejemplo. O en la explotación laboral sexista en agricultura o turismo.
Pero no parece que hayamos percibido resistencia ni entre el público ni en las entidades públicas que financian los proyectos.
Matria parece proponer una resignificación profunda de la identidad canaria desde lo femenino. ¿Creen que recuperar estas voces también implica cuestionar los relatos hegemónicos sobre quién construye cultura e identidad?
Nuria:
Absolutamente. El proyecto pone el foco en ese “no lugar” donde se habían depositado las perspectivas femeninas: lo privado y lo doméstico. Es un cuestionamiento directo a la hegemonía cultural.
Además, somos conscientes del riesgo actual: ahora que estas temáticas están “de moda”, existe el peligro de que se conviertan en productos en serie para cumplir agendas institucionales.
Matria se rebela contra eso, evitando que la memoria de nuestras mujeres se convierta en un simple expediente o en un cliché de consumo.
Carmen:
Sí. Cuestiona quiénes construyen el relato, desde qué instancias, ópticas y disciplinas. Porque la Historia no son solo los grandes acontecimientos históricos.
Pero también cuestiona quiénes han sido objeto de análisis y transformación artística. En este caso, además, mujeres isleñas, con toda la connotación exótica que siempre se ha asociado a ese mito colonial de la mujer canaria: periférica, exotizada y profundamente atravesada por el machismo.
Si Matria pudiera dejar una sola huella en las nuevas generaciones de mujeres canarias, ¿cuál desearían que fuera?
Nuria:
Deseamos que hereden claridad. Que las nuevas generaciones de mujeres canarias tengan el conocimiento de su origen como una brújula. Que ese legado no sea una carga, sino un impulso para caminar libres, despiertas y con la certeza de que su historia ya no volverá a ser escrita en los márgenes.
Carmen:
Hoy todo se patrimonializa rápido. Todo enseguida queda retro. Consumimos vintage. Aquí hablo de patrimonializar haciendo referencia a cómo se transforman las cosas en el sistema que suma capitalismo y patriarcado, pero uno de los objetivos que me he propuesto con este proyecto es buscar
término que sustituta a “patrimonio”. Yo suelo usar legado, herencia, que me advierten que son muy de la rama legal, pero este también. El caso
es que se refiere a la transmisión a otras generaciones, pero sólo remite a la vía paterna. Por eso, espero que Matria no sea algo superficial, sino que conduzca a memoria, orgullo y conciencia.
Memoria para reconocer a las mujeres que han participado y a las que representan. Orgullo frente a cualquier endofobia y también como revalorización frente a la homogeneización cultural globalista.
Y aparte, en un proyecto etnomusical en el que escuchamos sus voces para cantarlas y contarlas, desde luego el silencio no tiene cabida.
Matria viene justamente a hacer eso con las mujeres canarias mayores de 65 años: demostrar que estuvieron aquí. Y dejar constancia de ello para siempre.
Porque las personas no somos eternas. Y no facilitarlo sí supondrá silenciar a muchas otras mujeres a las que todavía no hemos registrado.
Que este viaje no quede aquí.
Conoce más del proyecto, a través de su web y sus redes sociales. Y por supuesto... comparte :)







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