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Esther Recio: lenguaje, cosmos y resistencia.

Hay escritoras que llegan a tu vida para cambiarla y quedarse en ti, porque no escriben para contar: escriben para existir y repensar el mundo. En esta entrevista, Esther Recio habla de lenguaje, cosmos y resistencia. De lo que somos capaces de crear cuando todo lo demás se rompe.


Conocí a la escritora Esther Recio en 2015 y ahora mismo no sabría deciros cómo ocurrió. Solo sé que la encontré y se quedó en mi vida. Y sé que estará conmigo siempre. Pasa con algunas personas: recuerdas el qué, pero no el cómo ni el dónde.


Descubrí su novela Regresa a Troya, Umma, regresa y me enamoré perdidamente de su escritura. Literal: me la leí de una sentada, en una sola tarde. Después estuvimos varios años divirtiéndonos como niñas con juegos locos de microrrelatos que publicábamos en mi blog personal.


Luego hubo silencio entre las dos. Su esclerosis múltiple empeoró y yo no supe cómo reaccionar. Nos separaban cientos de kilómetros: ella se refugió en su mundo interior y yo en mi tristeza. Pero nunca dejé de pensarla.

Este año decidí que iba a encargarme de editar todo lo que ella tiene escrito y ayudarla a publicarlo. Decidí que necesito que mucha más gente tenga el placer de conocerla y de amar su literatura como la amo yo.


Y aquí estamos. Con el libro de micropoemas Elípticas y Espirales recién salido del horno. Y con esta entrevista, de la que me siento profundamente orgullosa.

Deseo que la disfrutes y que te aporte tanto como a mí.


¿Qué se rompe primero cuando llega la esclerosis: el tiempo, el cuerpo, la identidad o la idea de futuro?


Cuando recibes el diagnóstico de esclerosis múltiple, con el "diploma" te regalan un tatuaje que se clava hasta el fondo de tu mente: incurable y degenerativa. A partir de ese día solo puedes concebir un futuro negro que no sabes cuánto tiempo tardará en llegar ni de qué manera se manifestará. Es decir, en el fondo de tu mente hay un murmullo sin palabras, como un bajo continuo que te proyecta continuamente la sombra de un futuro de discapacidad o incluso muerte prematura.  Es decir, lo primero que se rompe es el futuro.


Sin embargo, dado que la vida me ha regalado una de las características que más me definen, qué es la de un optimismo irreductible, hasta hace relativamente pocos años he llevado una vida que podríamos definir como normal: he parido y criado dos hijas, he trabajado como traductora, he estudiado, etc.


A raíz de mi divorcio y de diferentes accidentes, la degeneración se ha acelerado en los últimos años, lo que unido a qué (siento el spoiler) ninguna de nosotras vamos a ser nunca más jóvenes que hoy, me sitúa hoy en día en una posición menos participativa y más contemplativa.


¿Cómo cambia el lenguaje cuando el cuerpo deja de obedecer? ¿Qué palabras se vuelven inútiles?


Supongo que el hecho de saber que no vas a poder contar siempre con tu cuerpo te hace desarrollar un universo referencial propio y comenzar a habitar un paisaje submarino personal que a veces te aleja de la convencionalidad comunicativa.  La palabra "mañana" pierde gran parte de su significado, o incluso "pierna" cobra una connotación diferente.


Cuando recibes el diagnóstico de esclerosis múltiple, con el "diploma" te regalan un tatuaje que se clava hasta el fondo de tu mente: incurable y degenerativa. A partir de ese día solo puedes concebir un futuro negro que no sabes cuánto tiempo tardará en llegar ni de qué manera se manifestará.    

¿La contemplación que atraviesa el libro nace como elección o como consecuencia de la enfermedad?


Hoy por hoy, ambas me resultan indistinguibles, puesto que era tan joven cuando me colgaron este diagnóstico, que ya no recuerdo si yo era contemplativa antes o si ha sido un proceso de derivado del progreso del cuadro clínico.


Supongo que yo ya tenía tendencia de antes, porque me recuerdo como una niña muy silenciosa que pensaba y se hacía continuamente preguntas. La imposibilidad de participar en actividades que para otras personas son habituales, cómo hacer deporte o salir de copas probablemente también haya contribuido  que mi carácter fuese haciéndose más contemplativo y fuera albergando una sorpresa cada vez mayor por el hecho de existir.  


¿Qué relación tienes con la productividad desde que convives con la EM? ¿Qué te exige el mundo y qué le niegas?


La productividad... Recuerdo que la época de crianza de mis hijas fue un periodo lleno de iniciativa y actividades inusuales: era compañera de mi marido, madre, funcionaria, educadora, hortelana, panadera, tenía cabras, estudiaba en la UNED, participaba en todos los coros y en la escuela de música, etc. Fue un tiempo luminoso y magnífico, de diversión y plenitud.


Las circunstancias han cambiado radicalmente, puesto que ni mi condición física me lo permite ya, ni el momento vital me lo exige, dado que mis hijas son adultas. Sin embargo, no soy consciente de haber tenido gran dificultad para adaptarme a mi inactividad sobrevenida, puesto que mi mente sigue produciendo con la misma intensidad que antes, y, sin darme cuenta, me he ido desplazando desde una vida llena de actividad productiva en el exterior a una existencia silenciosa en mi submarino personal de la que es raro que cuente algo y nadie sospecha.  Paradójicamente, el mundo espera de mí que sufra. No lo hacen por maldad, al contrario, pero se sorprenden de no hallar dentro de mí el sufrimiento que esperaban. Y eso es lo que niego al mundo, la derrota. Puesto que a todos los habitantes de este planeta nos ha tocado algún fruto difícil del árbol de la vida y que es desde el precio de existir, me niego a verter aún más negatividad en un panorama que ya de por sí es desolador.


¿Qué formas de violencia (médica, social, cotidiana) has vivido por no encajar en la norma corporal?

 

Mira, las formas de violencia en que me ha tocado enfrentar son las relacionadas con la dificultad que tienen las otras personas y no con la mía propia. Recuerdo un médico que me preguntó sorprendido "¡Ah! ¿Pero usted entiende?". Perdí la oportunidad de contestarle en alemán, inglés, japonés o cualquier otro idioma. Simplemente lloré de frustración y soledad.


Otra forma de violencia muy sutil es aquella que ejercen las personas que, inconscientemente sin ninguna mala intención, toman decisiones por mí: cambian las cosas de sitio en mi casa o deciden por su cuenta que algún objeto es superfluo y lo tiran a la basura o lo hacen desaparecer de algún otro modo.


Otra forma de violencia proviene de los "salvadores". De aquellos que sutilmente responsabilizan las personas que padecen algún tipo de condición extraordinaria de la génesis de la misma. O sea, los que sostienen que, si quiero, me puedo sanar. Que es cuestión de voluntad. Ahí me quedo con ganas de preguntarles si también es cuestión de voluntad, en su caso, dejar de ser gilipollas.


Una cierta violencia, pero que no es achacable a ningún segmento de la sociedad en concreto ni a ninguna persona, es el haberme visto excluida del mercado sexual a una edad relativamente temprana. La conciencia de que represento una carga difícilmente asumible me ha hecho tener que mantener, después de que el padre de mis hijas decidiera emprender otro camino, una pugna titánica para sacar a flote mi autoestima, que obligatoriamente ha tenido que convertirse en absolutamente autorreferencial.  


Otra forma de violencia proviene de los "salvadores". De aquellos que sutilmente responsabilizan las personas que padecen algún tipo de condición extraordinaria de la génesis de la misma. O sea, los que sostienen que, si quiero, me puedo sanar. Que es cuestión de voluntad. Ahí me quedo con ganas de preguntarles si también es cuestión de voluntad, en su caso, dejar de ser gilipollas.

En tus poemas aparece una unidad profunda con lo que es: ¿la EM te acerca a esa unidad o te la impone?


La escritura es mi llave de acceso al submarino, mi escafandra. Como es algo que no me sucede continuamente, sin pausa, puedo distinguir claramente quién soy cuando estoy escribiendo y quién soy en la vida normal. Cuando escribí mi última novela, Regresa a Troya, Una, regresa, hubo periodos en los que escribía hasta dieciocho horas diarias seguidas, expresado en una especie de fiebre torrencial que me llevaba no tener conciencia de mí misma como Esther, sino una especie de vehículo a través del cual algo que quería existir se manifestaba, muy en el sentido de Martin Buber o de la música improvisada, en la que existe la conciencia de lo que se quiere crear, pero después lo he creado se  manifiesta por caminos inusitados que sorprenden al propio autor o autora.


En mi caso, la esclerosis múltiple no me acerca ni me aleja de la unidad con lo que es, puesto que enfermedad es algo que me ocurre, pero no me constituye. Yo soy otra cosa aparte de la dificultad.  


Cuando escribí mi última novela, Regresa a Troya, Una, regresa, hubo periodos en los que escribía hasta dieciocho horas diarias seguidas, expresado en una especie de fiebre torrencial que me llevaba no tener conciencia de mí misma como Esther, sino una especie de vehículo a través del cual algo que quería existir se manifestaba

¿Qué parte de ti te ha salvado la escritura y qué parte te ha permitido despedir?


Creo que la escritura es, como dije antes,  la llave de mi "submarino", lo que me revela mis procesos más ocultos, y es lo que me salva de la desconexión con mi ser interior, ya que mi ser físico se declara en huelga y no quiere colaborar mucho.


Estos no son poemas de ahora mismo, sino de años anteriores, y me permitieron en cierto modo remontar el vuelo y comenzar a la contemplar mi vida desde la lejanía, aunque no  como una huida ni un refugio, si no como un cambio de perspectiva. La conciencia de la finitud de la existencia y de la multiplicidad de las capacidades y estados del cuerpo humano, así como de la inmensidad de lo que existe , posibilita el restarse importancia a una misma,  a la vez que nadar en la piscina en el orgullo y la sonrisa por pertenecer a algo tan grandioso.


La conciencia de que todos los materiales que forman un cuerpo humano se formaron en el mismo momento en el que surgieron los que forman las galaxias te regala  la tranquilidad luminosa de saber que hay un lugar al que. indudablemente, perteneces independientemente de tu condición física o tus circunstancias vitales, y ello resume también la política que representa este libro: tanto el cuerpo como la conciencia pertenecen a un todo mayor para el que cada individuo es imprescindible, puesto que la falta de una sola pieza desconfiguraría la totalidad del puzle cósmico.  


Te animo encarecidamente a que leas a Esther Recio y a que compartas esta entrevista. También la tienes en formato carrusel en @disi_dencias


Esther Recio
Esther Recio

 
 
 

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