7 falacias sobre la regulación de la prostitución · Vol. II
- 26 feb
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El debate sobre la legalización y normalización del alquiler de mujeres para sexo estĆ” plagado de argumentos que se repiten como mantras y que, a fuerza de insistencia, parecen verdades incuestionables. Sin embargo, muchos de ellos no se sostienen ni lógica ni empĆricamente.
En este segundo volumen recopilamos siete falacias habitualesĀ sobre la regulación de la prostitución, seƱalando quĆ© tipo de falacia esconden y por quĆ© no resisten un anĆ”lisis crĆtico desde los derechos humanos y el feminismo.
”Empezamos!
Cada cual hace con su cuerpo lo que quiere.
Efectivamente, y en la prostitución quien hace con tu cuerpo lo que quiere es el putero, maja, no tĆŗ.Ā
Al margen de lo obvio, aquĆ hay una falacia liberal de la falsa elección + individualismo metodológico. Resumiendo:Ā la afirmaciónĀ presupone que la prostitución es siempre una elección libre, autónoma y descontextualizada, ignorando las condiciones materiales que estructuran esa ādecisiónā: pobreza, migración forzada, violencia previa, racismo, desigualdad de gĆ©nero y ausencia de alternativas reales.
El consentimiento no existe en el vacĆo: cuando una de las partes paga y la otra necesita sobrevivir, necesita droga, ha normalizado la cosificación, etc... no hablamos de libertad, sino de asimetrĆa de poder.
AmĆ©n de que una sociedad basada en valores mĆnimamente humanos ha de velar para que no se vulneren derechos en nombre del individualismo y āla libre voluntadā. No, nadie puede comprarte un riñón āpor mucho que tĆŗ quierasā y nadie deberĆa poder alquilarte para sexo.
Si se regula, podrĆ”n denunciar violaciones sin que la policĆa las juzgue porque āforma parte de su trabajoā.
Falacia de la promesa institucional + contradicción interna.Ā Ojo aquĆ, porque esta afirmación es internamente absurda: si el acceso sexual estĆ” comprado, Āæcómo se delimita la violación?Ā En sistemas regulados, la violencia se redefine como āincidencia laboralā, y la credibilidad de las mujeres disminuye, no aumenta. De hecho:
Se les exige probar lĆmites previamente pactados
Se cuestiona si āentraba en el servicioā
Se normaliza la agresión como riesgo del oficio
La regulación no elimina el juicio moral: lo institucionaliza.
Si se regula, las trabajadoras sexuales podrĆ”n tener bajas laborales por riesgos como sĆfilis o gonorrea.
Falacia de normalización del daƱo + reducción al absurdo.Ā Presentar enfermedades de transmisión sexual como āriesgos laboralesā equivale a asumir que:
el daƱo es inevitable
el cuerpo femenino es una herramienta desgastable
la violencia se gestiona, no se evita.
Ningún trabajo del SXXI  requiere asumir infecciones como parte estructural del empleo. Es mÔs, los protocolos de higiene y protección al respecto son cada vez mÔs estrictos para que los contaminantes no dañen a las personas: guantes, mascarillas, EPIS, etc...
Este argumento no protege a las mujeres: naturaliza su daño y convierte la agresión masculina en coste productivo.
Si se regula, se acaba con el proxenetismo.
Ā”Claro! Ā”Porque los proxenetas pasan a ser legalmente empresarios!Ā
En los paĆses regulacionistas existen legalmente las figuras de intermediarios, gerentes y dueƱos de prostibulos, que a menudo cobran a las mujeres alquileres y porcentajes por cada vez que son explotadas. AdemĆ”s aumenta la demanda, lo que multiplica la trata para abastecer al mercado. No, no se acaba con el proxenetismo, se profesionaliza el proxenetismo
Todo el mundo trabaja por necesidad, que las prostitutas trabajen por necesidad no es razón para no regular.
De todas las falacias sobre la regulación de la prostitución, esta es una de las que mĆ”s me sorprende. ĀæEn serio hay tanta gente que no cae en que esto es una falsa analogĆa del tamaƱo de La Giralda?
No toda forma de vida por necesidad es equivalente. La prostitución no es un trabajo, no  pone en alquiler fuerza de trabajo: alquila acceso sexual al cuerpo. Es esclavitud pura y dura, en la que las mujeres son productos puestos en alquiler por horas.
La diferencia es cualitativa, no moral:
no implica integridad fĆsica comparable
no exige disponibilidad sexual
no legitima el uso del cuerpo como mercancĆa
Compararla con un trabajo e insistir que lo es borra la violencia sexual como categorĆa especĆfica.
Si se regula, habrĆ” menos violaciones; si la prostitución no existiera, habrĆa muchas mĆ”s.
Falacia del miedo + justificación preventiva de la violencia.
Este argumento sostiene que los hombres necesitan violar y que la prostitución funciona como vÔlvula de escape. Es profundamente misógino, ya que presenta la violencia masculina como inevitable y la convierte en un problema de gestión femenina. No hay evidencia de que la prostitución reduzca las violaciones. Sà la hay de que:
refuerza la idea de que el acceso sexual puede comprarse
nos deshumaniza a las mujeres
normaliza la coerción
Esta creencia, ademĆ”s, nos divide a las mujeres en dos categorĆas: ālibresā y āviolables por horasā.Ā ĀæQueremos eso?
Hay que regular para que las mujeres que quieren hacerlo tengan derechos.
Falacia del falso dilema + falacia del mal menor.Ā
ĀæPor quĆ©? Se plantean solo dos opciones: regular vs dejar a las mujeres sin derechos. Esto oculta deliberadamente una tercera vĆa: abolir la prostitución garantizando derechos fuera del sistema prostitucional (vivienda, papeles, empleo, protección social).
AdemĆ”s, confunde derechos ālaboralesā, dentro de una realidad de explotaciónhumana en el que las personas se alquilan, con derechos humanos (contrarios a esa realidad, obviamente). Regular no amplĆa derechos, al revĆ©s: institucionaliza una forma de violencia sexual y la legitima como trabajo (aquĆ los proxenetas se convierten legalmente en āempresariosā y los hombres que alquilan mujeres pasan a ser āclientesā aceptados socialmente como tales). AdemĆ”s, en los paĆses regulacionistas, la mayorĆa de mujeres siguen fuera del sistema. Estado reguilacionista protege al mercado sexual, no a las mujeres.
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