Sara Sarmiento desmonta los mitos y estrategias del machismo New Age
Conocí a la psicoanalista Sara Sarmiento gracias a un vídeo suyo en el que decía lo que tantas mujeres pensamos: conceptos como “energía femenina” —tan recurrentes en el discurso de terapeutas new age y gurús de los negocios— son magufadas importantes que, además, nos devuelven al siglo pasado.
Conectamos enseguida. Y vi en este encuentro una oportunidad única para poner luz en atrasos que son a la psicología y al comportamiento humano lo que el terraplanismo es a la física.
Hablamos de mitos que ocultan desigualdades estructurales entre sexos.
Quédate y comparte.
Empezando por el punto que nos ha unido, ¿cuántos años de bulos hay detrás del cuento de la energía femenina y la energía masculina y por qué tanta gente se resiste a abandonar esas creencias?
La energía femenina y masculina, o el yin y el yang, son conceptos filosóficos y espirituales que algunos autores y autoras han incorporado a la salud mental, el desarrollo personal y el sentido vital. No hay un papel natural de la mujer y otro del hombre, no hay una energía propia. Creer esto es una construcción cultural y supone reforzar los roles de género, que ya han sido suficientemente desmontados por el feminismo. Todos los seres humanos tenemos las capacidades de crear, producir, cuidar y dejarnos cuidar, cocinar, luchar, sostener, avanzar…
No es correcto, al menos en la psicología seria que une sus enseñanzas con la filosofía y la espiritualidad, decirle a una persona que está enfermando por "exceso de energía masculina" o "exceso de energía femenina" porque no sea "su energía natural". Aparte, es muy grave que profesionales de la salud mental usen el concepto de "energías" para reducir temas tan complejos como: trauma infantil y sus secuelas, relaciones de maltrato, abuso de poder, precariedad laboral, intentar adaptarnos a una sociedad de la hiperproductividad, y muchas otras variables que afectan a nuestra salud mental. La psicología seria no pone el foco solo en la persona, así como tampoco justifica todo por el ambiente. Ambiente y realidad individual se relacionan de formas complejas, por lo que explicar todo por energías femeninas y masculinas del modo que se hace en RRSS no solo es sexista, sino peligroso y poco ético.
Explicar todo por energías femeninas y masculinas del modo que se hace en RRSS no solo es sexista, sino peligroso y poco ético.
La gente se resiste a abandonar estas creencias porque es más fácil creer que, cambiando de energía, ya van a tener solucionado todo su sufrimiento, que aceptar que para evolucionar tenemos que desarrollar el pensamiento crítico, mirar de frente verdades, situaciones y personas que nos hacen daño, y hacer terapias serias, que suelen llevar tiempo y esfuerzo.
Otra de las causas por las que las personas se niegan a abandonar estas creencias es la fidelidad a su familia, a su cultura y a su religión. La necesidad de pertenencia es una de las explicaciones más fuertes del comportamiento y el pensamiento humano. No nos desarrollamos como personas en la nada, sino en sociedad, a través de unos vínculos primarios que necesitamos no solo para sobrevivir, sino para saber quiénes somos, pues construimos nuestro autoconcepto con base en la mirada de las otras personas, especialmente durante la infancia.
Por lo tanto, siempre es más fácil continuar con lo aprendido que cuestionar lo que nos rodea, incluyendo a nuestros seres queridos y a nuestra comunidad, que nos inculcan valores, formas de funcionar e identidad. Ir en contra de lo establecido puede conllevar que el grupo no te valide, incluso que te eche, y eso es aterrador si no tenemos otro grupo de referencia que nos dé amor, cuidado y, especialmente, seguridad. Además, si no hemos podido construir una base interna sólida y una buena diferenciación entre el "yo" y "el otro", no tendremos la capacidad de pensar por nosotras mismas, por lo que seguiremos a las personas de referencia y sus ideas.
Relacionado con esto tenemos también la estructura interna de las personas. Para que una persona pueda pensar por sí misma y tener pensamiento crítico, tiene que contar con una buena estructura interna que la sostenga, independientemente del ambiente. Las personas que carecen de ella necesitan moldear su identidad con base en "personajes" previamente creados por la sociedad, o adherirse a instituciones o grupos que les ofrezcan esa estructura que les falta. Esto es muy peligroso porque pueden acabar sometiéndose a un líder, una doctrina, una pareja o un rol solo por tener estructura, y claro, les da sensación de calma, porque ya alguien piensa por ellas y les dice qué hacer.
Hablas claramente del daño que esas creencias nos hacen a las mujeres. ¿Puedes explicarlo aquí en cinco puntos?
Aparte de la connotación sexista y el problema de desinformación que lleva implícita, la "energía femenina" en redes sociales se ha consolidado en dos arquetipos muy limitantes. Por un lado está el arquetipo de la mujer que anda descalza, es intuitiva, conecta con la naturaleza, pero parece que no debe cultivar el dinero, el poder, la ambición o la capacidad de influencia, salvo a través de la espiritualidad. Por otro lado, tenemos a la tradwife, que recupera un modelo de "feminidad" basado en la subordinación al marido, la familia o la comunidad.
Ambos reducen a la mujer a un personaje. Las mujeres no somos personajes, somos personas: podemos ser sensibles, intuitivas y receptivas, y también ambiciosas, racionales, estratégicas, competitivas… y tener un enorme deseo de crear y transformar el mundo. Como he dicho antes, son capacidades humanas.
Las mujeres no somos personajes, somos personas: podemos ser sensibles, intuitivas y receptivas, y también ambiciosas, racionales, estratégicas, competitivas…
Ambos nos inculcan que ser mujer es renunciar al poder. Durante siglos se nos ha enseñado que el poder, el dinero, la autoridad y la autonomía pertenecen al mundo masculino. Me preocupa que ahora, bajo un discurso aparentemente espiritual, volvamos a enseñar que las mujeres tenemos un papel natural y que ese papel implica renunciar a aquello que nos permite ser libres y dueñas de nuestras vidas.
En tercer lugar, pueden convertir la espiritualidad y la pareja de nuevo en sometimiento. Decir que una mujer está en "energía masculina" cuando pone límites, gana dinero, lidera, se enfada o quiere reconocimiento, es utilizar un lenguaje espiritual para reproducir viejos mandatos.
En cuarto lugar, crean una falsa dicotomía entre lo supuestamente femenino y lo supuestamente masculino. Las personas no debemos renunciar a capacidades en función de nuestro sexo. A todas las personas nos interesa integrar capacidades.
Por último, nos alejan de la verdadera libertad: poder elegir. Para mí, la pregunta no es si queremos ser empresarias, madres, amas de casa, artistas o una mezcla de todo ello. La pregunta es: ¿lo estamos eligiendo desde nuestro deseo y nuestra autonomía o estamos obedeciendo otro mandato?
Decir que una mujer está en "energía masculina" cuando pone límites, gana dinero, lidera, se enfada o quiere reconocimiento, es utilizar un lenguaje espiritual para reproducir viejos mandatos.
Nuestra libertad como mujeres consiste en poder construir una vida sin tener que someternos a un modelo de lo que "debería" ser una mujer. Porque ya está bien que todo el mundo nos diga qué es ser mujer, como si fuera algo que se es o no se es dependiendo de lo que hagamos, de cómo vistamos o del rol que asumamos.
Hablando de mujeres líderes, que es el perfil en el que te has especializado: ¿qué patrones repetidos encuentras en este perfil? ¿A qué se refieren los gurús del machismo New Age cuando dicen que hay "exceso de energía masculina" en las mujeres líderes?
Hablando de mujeres líderes, encuentro algunos patrones que se repiten muchísimo.
El primero es la hiperresponsabilidad. Sentir que todo depende de ti y que te cueste delegar, descansar y pedir ayuda porque has construido gran parte de tu identidad alrededor de "yo puedo con todo".
El segundo es la dificultad para recibir. Ser muy buena dando soluciones, trabajando, haciendo dinero, e incluso cuidando a tus hijos y a todo el mundo cuando llegas a casa. Pero recibir, pedir ayuda, sentir placer en el sentido amplio del término, te resulta normalmente mucho más incómodo.
El tercero es la hiperindependencia. Muchas veces por aprender que depender de alguien es peligroso o que necesitar a otros te hace vulnerable. Y esto puede llevarte a una especie de autosuficiencia extrema: "si quiero que algo salga bien, tengo que hacerlo yo".
El cuarto es la desconexión del cuerpo y del deseo. Funcionar desde la cabeza, a través de objetivos, productividad, estrategia y resultados. Ser muy mental y buscar incluso un descanso productivo: un libro que aporte conocimiento, un deporte o una comida para mejorar la salud… Nada es desde el placer, todo es desde el "qué me va a aportar esto".
Y el quinto es haber convertido el control en una estrategia de seguridad. Cuando tienes que luchar mucho para conseguir autonomía, es comprensible que el control te haya servido para sentirte segura. El problema es que esto acaba siendo una cárcel para ellas.
Y sí, también suele haber problemas de pareja. No por "exceso de energía masculina", sino porque estamos rodeadas de hombres que esperan ser "los mejores" y "más resolutivos" del mundo. Esperan una mujer que los necesite y admire, que esté por debajo de ellos a nivel laboral, que obviamente gane menos dinero para sentir que ellos son los que proveen, y que deje su vida para seguir los sueños de él. Y una mujer líder no va a hacer esto, aunque reconozco que muchas líderes con pareja, aunque a nivel laboral no ceden, en casa sí pueden convertirse en esa "mujer necesitada", "la ama de casa" o esa "mujer madre de su pareja", que suelen ser los tres roles que se esperan de nosotras.
Y sí, también suele haber problemas de pareja. No por "exceso de energía masculina", sino porque estamos rodeadas de hombres que esperan ser "los mejores" y "más resolutivos" del mundo.
No es difícil ni raro que acabemos haciéndonos las tontas y simulando debilidad para que nuestra pareja se sienta fuerte y listo, y acabemos teniendo una doble jornada laboral, encima maternando a un hombre de cuarenta años.
Así que no, ninguna mujer líder se agota por "exceso de energía masculina". Se agota por vivir en una sociedad que premia el trabajo excesivo sin descanso y la valora por lo que tiene, no por lo que es. Además, a diferencia de los hombres, muchas llevan la carga de ser empleadas en su propia casa y madres de criaturas y de un adulto.
Entonces, ¿qué quieren decir los gurús cuando hablan de "exceso de energía masculina"?
Están utilizando "masculino" como una metáfora para hablar de características como acción, dirección, estructura, competencia, control, productividad o capacidad de decisión. Y "femenino" para hablar de receptividad, intuición, conexión, sensibilidad, cuidado o capacidad de recibir. El machismo New Age, como dices, presenta estas características como biológicas de uno u otro sexo.
Por otro lado, decirle a una mujer líder que tiene "demasiada energía masculina" es una forma muy sutil de decirle "desiste". A las mujeres nunca nos han querido en puestos de poder, nos cerraron la puerta a la educación, las universidades, el liderazgo. Cuando hemos accedido, hemos demostrado que somos capaces.
Decirle a una mujer líder que tiene "demasiada energía masculina" es una forma muy sutil de decirle "desiste".
Pero si lideramos el mundo, quizás se acabe el patriarcado, y eso no interesa. Si nos dicen abiertamente que nos detengamos, ninguna va a dejar de liderar. Nos dicen que la razón de nuestro cansancio es actuar como hombres, para no reconocer la desigualdad estructural entre sexos. Nos dicen que estamos abandonando a nuestros hijos, para no aceptar que la especie humana siempre ha criado en tribu, se llama aloparentalidad, y aunque la madre es la figura principal, no es la única figura al cuidado de los niños. Nos dicen que si no tenemos pareja es por actuar como hombres, para no asumir que muchos hombres no han sabido adaptarse a las mujeres líderes, y que no quieren perder sus privilegios.
Tu libro habla de pasar de "niña herida" a "mujer salvaje". ¿Dónde está el límite entre sanar una herida personal y psicologizar lo que en realidad es una desigualdad estructural?
Esta pregunta es compleja, pero la realidad es que desde los albores de la psicología y el psicoanálisis se sabe que el ser humano es un ser en relación con su entorno, y que el entorno es proveedor de patología. Luego, obviamente, los autores y las autoras de referencia se especializan en diferentes partes del ser humano: la infancia, el presente, el trauma, el cuerpo, la mente, la familia, lo social… porque abarcarlo todo es muy difícil.
El problema es que la psicología y la salud mental se han usado con otros fines, al servicio de las grandes farmacéuticas y del statu quo. Es sencillo y útil que las élites usen la salud mental para lucrarse. Vendiendo ansiolíticos y antidepresivos se generan millones de dólares y, además, se invisibilizan las desigualdades sociales, poniendo el conflicto en la persona. Recordemos que el ser humano ha sido y es capaz de tener a millones de personas en la esclavitud y la más absoluta pobreza solo para que unos cuantos tengan privilegios.
Es sencillo y útil que las élites usen la salud mental para lucrarse. Vendiendo ansiolíticos y antidepresivos se generan millones de dólares y, además, se invisibilizan las desigualdades sociales, poniendo el conflicto en la persona.
Sin embargo, a día de hoy, la neurociencia y el neuropsicoanálisis ya confirman algo que en clínica se sabe desde hace más de cien años: el ser humano no existe sin su entorno, y aunque tenemos genes, estos interactúan con el ambiente. La mente humana no es una producción aislada del cerebro; el cerebro recibe información del interior del cuerpo y del exterior, y con eso construye. El adentro y el afuera se mezclan de formas mucho más intrínsecas de lo que se pensaba.
Yo misma he generado un modelo donde hablo de cuatro inconscientes: el individual, el familiar y transgeneracional, el social y ambiental, y el energético.
Pero todos son siempre la persona en relación con su entorno, y cómo interpreta el entorno con base en sus sensaciones corporales, en su cultura, en su familia…
Por lo tanto, desde mi perspectiva, el papel de la psicología no es decirle a la persona que todo está dentro de ella, sino ayudarla a llevar la mejor vida posible, de la forma más auténtica y libre, desarrollando la intuición y el pensamiento crítico, limpiando el trauma, trabajando las sensaciones corporales y muchas otras cosas, para que tenga la mayor agencia posible dentro de la realidad que la rodea. Porque tan abusivo es decirle que todo es su culpa como dejarle sin ayuda y esperar a que cambie el sistema para que tenga salud mental. Eso no va a pasar, y si pasa, es porque las personas lo harán pasar. Por eso necesitamos personas sanas, porque ellas crean un mundo más sano, y viceversa.
Necesitamos personas sanas, porque ellas crean un mundo más sano, y viceversa.
Ya sabes el dicho feminista: "Quiero para mí la confianza de un hombre mediocre". ¿Qué factores estructurales pesan más en esa confianza del hombre mediocre y en el síndrome de la impostora de la mujer brillante?
Como sabemos, la confianza no nace únicamente de la personalidad, sino que también se construye en la familia y en la sociedad, que obviamente están atravesadas por los roles de género.
No hace falta ser muy inteligente para ver cómo se educa a las niñas a estar más pendientes de gustar, de ser un "objeto de deseo", que de ser un sujeto deseante.
A los hombres se les ha socializado históricamente más hacia la agencia: ocupar espacio, competir, tomar decisiones, equivocarse y asumir que tienen derecho a estar ahí. A las mujeres se nos ha socializado en la corrección, la complacencia, la belleza, el amor y la necesidad de demostrar nuestra valía.
Y, por supuesto, a una mujer se le suele exigir más para ser considerada competente. Tiene que estar muy preparada, hacerlo muy bien y, además, resultar agradable tanto en su forma de ser como en su apariencia estética. Un hombre puede ser percibido como competente aunque sea arrogante, mediocre o tenga un físico que no cumpla un canon de belleza. Sin embargo, una mujer puede ser brillante y seguir sintiendo que tiene que demostrar que merece estar ahí, o que tiene que vestirse de una forma específica para ser tomada en serio o para que no crean que "está buscando un ascenso" de forma sexual.
Por lo tanto, el síndrome de la impostora no es únicamente "un problema de autoestima". Muchas veces es la consecuencia psicológica de haber crecido en un sistema donde tu competencia no se daba por sentada, donde se te pidió ocupar el rol de la buena, la que no da problemas, la que reprime su rabia (tan necesaria para poner límites, pensar por ti misma y seguir adelante).
Un hombre puede ser percibido como competente aunque sea arrogante, mediocre o tenga un físico que no cumpla un canon de belleza. Sin embargo, una mujer puede ser brillante y seguir sintiendo que tiene que demostrar que merece estar ahí.
¿Cómo abordas en consulta el síndrome de la impostora?
Lo trabajamos desde los cuatro inconscientes:
Historia personal: vivencias traumáticas, situaciones donde hubo humillaciones, críticas, etiquetas… También los roles que ocuparon para pertenecer y ser amadas: la niña buena, la que no puede fallar, la perfecta, la que no pudo ser niña.
Familiar y transgeneracional: vemos cómo eran las mujeres de sus familias, cómo eran tratadas por los hombres, cómo se trataban a sí mismas o por otras mujeres, qué roles podían ocupar y cuáles eran prohibidos… y qué traumas tuvieron en la familia, tanto las mujeres como los hombres. También trabajamos con los hombres de su familia, para saber cómo ellas se posicionan frente a ellos, cómo fueron directamente tratadas por ellos, si creen que tienen que ser como ellos para tener libertad.
Social y cultural: aquí entraría todo el patriarcado, la sociedad, la cultura, la religión y cómo les ha influenciado. También las expectativas sociales de lo que es ser una mujer.
Energético: aquí trabajamos con herramientas inconscientes que las pueden ayudar, como arquetipos.
¿Qué mandato de género es el que más cuesta desmontar en mujeres con éxito profesional?
En el perfil con el que yo trabajo, uno de los mandatos que más cuesta desmontar es el del amor romántico y, cuando son madres, el de la maternidad como identidad absoluta, junto con "si no estás presente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, tu hijo se va a traumatizar".
Vamos por partes: una mujer puede ser muy líder, económicamente independiente y extraordinariamente segura en su empresa y, sin embargo, desarrollar una enorme dependencia emocional dentro de una pareja, especialmente en relaciones heterosexuales. Al mismo tiempo, por lo que hemos hablado anteriormente, puede estar agotada. Y ahora vienen las soluciones simplistas de las redes sociales.
Hay todo un discurso dirigido a las girl bosses que les dice: "No tienes pareja porque tienes demasiada energía masculina. Estás agotada porque has querido ocupar el lugar del hombre. La solución es volver al hogar, dejarte cuidar y ser una mantenida".
Esto no solo es una simplificación absurda, sino que puede ser peligroso, porque romantiza una pérdida de autonomía económica y personal que históricamente ha dejado a muchas mujeres en situaciones de vulnerabilidad.
Porque te puedo asegurar que el 100 % de las mujeres que he visto llorando en consulta, que dejaron su carrera por una pareja o por la maternidad, nunca pensaron que les pasaría a ellas. Pero les pasa. Su pareja las abandonó con bebés pequeños, o se quedaron sin ingresos al separarse, o dedicaron tantos años exclusivamente a la maternidad que, cuando sus hijos crecieron, ya no sabían quiénes eran fuera de ese rol ni cómo volver al mercado laboral (todo esto, obviamente, también es un problema social y estructural).
Por eso yo no creo que la solución para una mujer agotada sea renunciar a su poder, sino que pueda amar profundamente sin perderse, ser madre sin desaparecer y liderar sin vivir permanentemente en la hiperexigencia. Y eso no es un problema personal, sino social y cultural. El problema es que no podemos esperar a que el sistema patriarcal cambie para intervenir, porque elas mujeres tenemos el problema ahora.
No podemos esperar a que el sistema patriarcal cambie para intervenir, porque elas mujeres tenemos el problema ahora.
El discurso de "empoderamiento femenino" se ha convertido también en un producto de marketing. A muchas feministas nos mata esta terminología porque no creemos en absoluto en el empoderamiento como proceso individual. Como mujer puedes ganar confianza, pero solo te empoderas cuando alcanzas objetivos colectivos. ¿Cuál es tu perspectiva? ¿Qué terminologías usas y cuáles descartas por considerarlas humo?
Estoy bastante de acuerdo con esa crítica. Me incomoda el uso de "empoderamiento" cuando se convierte en: trabaja tu autoestima, sana tus heridas y conviértete en una mujer poderosa. Porque eso puede hacer que un problema estructural parezca un problema individual.
La realidad es que es bueno que una mujer gane autoestima, confianza y autonomía personal, pero eso no significa que esté empoderada en un sentido político o social. El poder también tiene que ver con los recursos, la capacidad de decisión, las redes, los derechos y la transformación colectiva.
Por eso yo prefiero hablar de autonomía, agencia, conciencia crítica y poder personal, pero siempre conectándolos con lo colectivo. Para mí, una mujer poderosa no es simplemente una mujer que se siente poderosa; es una mujer que tiene capacidad real para decidir sobre su vida y que puede utilizar esa capacidad para transformar también su entorno.
Para mí, una mujer poderosa no es simplemente una mujer que se siente poderosa; es una mujer que tiene capacidad real para decidir sobre su vida y que puede utilizar esa capacidad para transformar también su entorno.
¿Y qué considero humo? Todo discurso que se utilice para venderle a una mujer la idea de que, si cambia suficientemente su mentalidad, podrá solucionar problemas que también son económicos, sociales y políticos. Eso solo se hace, normalmente, desde lo colectivo. Sin embargo, también es cierto que no puedes esperar a que la sociedad cambie para intentar construir tu vida dentro de tus posibilidades. Tan malo es creer que tienes que poder con todo como creer que no puedes hacer nada porque el mundo es injusto. Si las feministas hubieran pensado esto hace años, no habrían actuado, y nada habría cambiado.
A las mujeres se nos suele vender una versión dorada de la misma jaula. Por mucho que la decoremos, es una jaula. Creo que tenemos que desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad para reconocer dónde estamos, los recursos para poder salir de esa jaula y, en la medida de lo posible, juntarnos y cambiar las condiciones para que otras tampoco tengan que vivir dentro.
Hablas mucho de los fenómenos indeseables en redes sociales, entre ellos el intrusismo, el postureo, la fijación de estereotipos o la desinformación que corre como la pólvora. ¿Qué fenómenos creados o amplificados en las redes sociales nos afectan más a las mujeres?
El problema de las redes sociales es que lo que nos llega está influenciado por el algoritmo. Llega lo que me capta la atención. Por lo tanto, los ejemplos que voy a poner son los discursos que a mí me muestra el algoritmo.
Creo que el discurso "Tradwife" es en sí mismo un problema para las mujeres, porque, tal y como se plantea, idealiza el sometimiento y un pasado que no existe. Además las tradwives de redes sociales están monetizando ese contenido, por lo que te dicen a ti que dependas de un hombre mientras ellas facturan vendiéndote una mentira.
También nos afecta, como dijimos, los conceptos "energía femenina" y "energía masculina", que alimentan el sexismo y se plantean como solución a todos los problemas.
Cualquier estereotipo que nos diga cómo es ser mujer: mujer de alto valor, girlboss, tradwife, etc, es dañino para las mujeres, porque un ser humano es mucho más que un rol.
Y sobre todo, nos hace daño, a las mujeres y a cualquier persona, los contenidos que nos hagan creer que "somos el grupo bueno" frente a otros grupos sociales que "son los malos". Esto es muy peligroso, porque divide a la sociedad entre los buenos y respetables y los malos, contra los que tenemos que luchar.
Por otro lado, tenemos el resurgimiento de movimientos religiosos que cruzan el fanatismo, prometen solucionar todo su sufrimiento, y llegan a insinuar que si te sientes perdida y sufres no debes ir a terapia a buscar "otra herida más", sino abrazar a Jesús. Yo soy psicóloga, española, y te puedo asegurar que he tratado a personas cristianas, ateas, budistas y hasta brujas wiccanas, y todas sufren, porque sufrir es humano y tener fe no está reñido con ir a terapia.
Personalmente, me harta mucho ver publicidad considerada de nicho femenino en perfiles de activistas feministas, como desodorante "pero sin sulfatos", outfits "pero de segunda mano", champú "pero ecológico". Hace poco vi a una reseñadora feminista haciendo publicidad a una marca de gafas y casi me emocioné. ¿Dónde está la publicidad sobre formación, cursos de IA, servicios de abogacía…? Cosas fuera de los mandatos de género que realmente necesitamos las mujeres.
Estoy muy de acuerdo con esa crítica. De hecho, yo dejé de hablar de dependencia emocional porque me di cuenta de que en psicología a las mujeres siempre se nos habla del cuerpo, la dependencia, la pareja y la maternidad. Pero no de dinero, de poder, de libertad.
Así que sí, cambiamos el producto, pero no necesariamente el mandato, ya que seguimos haciendo referencia a nosotras como cuidadoras, como consumidoras de belleza, parejas perfecta, madres perfectas y como responsables de hacerlo todo de una manera más virtuosa. Así que yo también quiero ver más publicidad de formación financiera, IA, tecnología, inversión, abogacía, negociación, liderazgo, empresas, vivienda, política, seguridad digital… Es decir, herramientas que aumenten realmente nuestra capacidad de decisión y nuestra autonomía.
Porque también hay una cuestión económica: si entre mujeres, solo nos vendemos productos relacionados con cuidarnos, embellecernos y cuidar mejor, estamos reproduciendo una parte del mismo sistema que criticamos. Las mujeres también queremos poder, dinero, conocimiento, tecnología, patrimonio y capacidad de negociación. Eso no quiere decir que no nos interese la salud o el amor, claro que sí, pero no es lo único.
Si entre mujeres, solo nos vendemos productos relacionados con cuidarnos, embellecernos y cuidar mejor, estamos reproduciendo una parte del mismo sistema que criticamos.
Respecto a la formación que le brindas a la comunidad terapéutica, ¿qué error ves más a menudo en terapeutas que trabajan temas de género sin una mirada feminista?
No ver que muchos de los comportamientos que supuestamente son "trastornos" o problemas de salud mental, como ansiedad o depresión, tienen un fuerte componente social y cultural, no solo de trauma o de historia individual.
Con 245.000 seguidoras, ¿qué feedback te ha hecho cambiar de opinión sobre algo que creías tener claro en tu propio discurso?
Pues mira, creo que mi punto de inflexión fue cuando vi que todas las cuentas de psicología dedicadas a mujeres trabajaban la pareja, la dependencia, la maternidad, o la relación con el cuerpo, pero ninguna trabajaba el poder, el dinero, la libertad… como sí se trabajaba con los hombres. Así que decidí cambiar todo y posicionarme ahí. Obviamente, quiero que una mujer no sea víctima de un narcisista, o que sea independiente emocionalmente, que era lo que trabajaba antes, pero también quiero que tenga poder económico, por ejemplo. Si seguimos creando contenido que solo centre la atención de las mujeres en el amor propio o de pareja, la maternidad y la salud del cuerpo, su atención y su realidad solo ven que eso es lo que le espera a la mujer, y no. Hay otras realidades que puede construir y desarrollar.
¿Cómo ha sido el crecimiento de tu comunidad y qué enseñanzas has valorado más de este proceso?
Mi comunidad fue pequeña, unos 14.000 seguidores, durante un tiempo, pero de repente empecé a viralizarme y crecer a 40.000, 90.000, más de 100.000 y la que tengo ahora. El mayor aprendizaje es que, aunque compartir sobre pareja, narcisistas y dependencia me hacía tener mucha visibilidad y economía, yo quería ayudar a las mujeres más allá de esto. Obviamente, cuando hablaba solo de estos temas lo hacía desde el deseo genuino de ayudar, puesto que yo también he sufrido el abuso de los narcisistas en mis propias carnes y de la dependencia emocional, pero hay muchas más cosas. Ya no quería dedicarme solo al trauma, sino a la expansión, dentro de las posibilidades de cada mujer en su principio de realidad.
¿Qué le dirías a la mujer que está leyendo esta entrevista y no quiere aceptar un cargo de responsabilidad o no quiere empezar un proyecto porque cree que no está a la altura, cuando lo puede hacer con creces?
Que revise a múltiples niveles esa decisión, porque está influenciada por su historia, su familia, el contexto, sus traumas, su sistema nervioso, sus creencias de quién es ella y cómo es el mundo, el patriarcado, su pareja, e incluso las modas en redes sociales que ahora prometen la calma y la paz por renunciar al dinero, al poder y volver a "la energía femenina". No digo que no queramos tener hijos, o tener amor, o vivir en calma y de forma más pausada; esto puede ser necesario para algunas, y es legítimo. Digo que una cosa puede convivir con otra y que, mejor que buscar la felicidad en los extremos, intentemos integrar los opuestos, sin perfeccionismos.
Si te ha gustado esta entrevista, compártela. Tienes más reflexiones de Sara Sarmiento en su cuenta de Instagram @sarasarmiento_psicoanalista y esta entrevista sintetizada en carrusel, junto a muchas más, en @disi_dencias




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