5 falacias sobre la “asistencia sexual”
- Judith Bosch
- hace 3 minutos
- 5 Min. de lectura
Listadito de falacias sobre la llamada “asistencia sexual”, preparado para copiar y pegar en discusiones con blanqueadores, progres con prisa y cuñados de nueva generación.
Guárdalo entre tus favoritos para cuando te haga falta.
Llevaba meses queriendo sacar este tema y surgió espontáneamente en el post de Instagram “Opina El Cliente”, con reseñas de prostituidores, y un hilo en el que los mismos prostituidores explican claramente que la “Asistencia Sexual” no es otra cosa que prostitución.
Ellos, siendo “machistas confesos”, lo tienen muy claro. Muchas personas no prostituidoras y supuestamente “feministas”, en cambio, dejan de serlo en cuanto ven a un señor con discapacidad prostituidor en efecto o potencia: “pobrecito, nadie lo ha tocado jamás, páguenle a una mujer”.
Si bien la asistencia sexual, como tal, es un término reciente; su base es tan antigua como la propia prostitución, cimentada sobre la creencia de que el sexo es un derecho para los hombres, que si no lo consiguen de manera voluntaria y bidireccional, deben tener derecho a pagarlo.
Entonces, ¿el sexo es un derecho?
Pues mira, no; la sexualidad es un derecho, el sexo es un deseo que puedes o no conseguir, básicamente porque depende de ti y de otra persona. Esta FALACIA 1# DE PETICIÓN DE PRINCIPIO estrena la lista: si el sexo fuera un derecho, habría otra persona obligada a facilitártelo y eso es aberrante: y sí, esta aberración tiene siglos, como dijimos anteriormente, concluye en la afirmación de que los hombres no pueden vivir sin sexo y las mujeres debemos facilitárselo de una u otra manera.
Todavía hay personas que defienden esta afirmación. El Soto Ivars, en su Biblia sobre denuncias falsas, indica sin cortarse que “dejar sin sexo a un hombre” es una forma de maltrato.
Así que tenemos derecho a ser sujetos sexuales sin que se nos juzgue por ello, reconocer nuestra sexualidad, tener oportunidad de darnos placer sin que venga un cura a meternos traumas, o gozar libremente, sin que se nos llame “putas”, “maricas”, “tortas”... Pero no tenemos derecho a acostarnos con nadie, ni a que nadie nos masturbe, ya seamos orcos o nos falten las dos manitas; el caso es el mismo: si no hay sexo deseado por dos personas, libre y bidireccional, no hay sexo, porque no es derecho de nadie tenerlo.
Entonces, ¿en qué contexto se fragua ese unicornio llamado “asistencia sexual”?
En primer lugar, en el seno de una sociedad en el que el sexo está tan demonizado como mercantilizado. Aquí hay una moneda de dos caras: el cura que te manda al infierno es tan antinatural y perverso como la película porno que nos vende “placer” disociado de deseo libre, bidireccional y natural.
Dejando de entender el sexo como el resultado de una relación libre y bidireccional, y comprendiéndolo como “una cosa”, al margen incluso de la estructura social machista, podemos introducirlo en el mercado bajo cualquier tipo de excusa. Además de desnaturalizarlo y sobrevalorarlo dentro de la vida de una persona. El mercado cambia sexualidad por sexo y crea la necesidad, disociándolo de los mecanismos naturales que lo sostienen.
Por otro lado, estamos en una sociedad que infantiliza a las personas con discapacidad y les niega el derecho a la sexualidad. El 90% de mujeres con discapacidad intelectual no va al ginecólogo, hay un problema grave con las familias, que se niegan a darles formación en sexualidad y libertad a sus hijas e hijos con DI (y no, spoiler, formación en sexualidad no es que venga una moza a meneársela).
Entonces, ¿Las personas con discapacidad tienen derecho a la libre sexualidad pero no tienen derecho a que nadie venga a masturbarlas a cambio de dinero?
¡Genial! Lo has entendido perfectamente. Las personas con discapacidad o sin discapacidad, sombreros naranja o una bicicleta tenemos derecho a que se nos reconozca como seres sexuales y se protejan nuestros derechos (¡eureka! que no se nos pueda alquilar para sexo bajo ninguna excusa debería ser un derecho de todas las personas), pero no tenemos derecho a disponer de nadie para que nos de placer.
¡Pero pobrecitos!
Ya, esta es la segunda falacia de la serie: Ad miserocordiam como un castillo, que apela a la compasión y que además repercute negativamente en el concepto de las personas con discapacidad y en la manera en la que entendemos su autonomía. ¿De verdad que no pueden tener sexo como resultado de relaciones libres? ¿Qué te hace pensar eso?
En realidad, si lo meditas, esta ad misericordiam es discriminación y minusvaloración en sí misma.
No es sexo mercantilizado porque no hay penetración, como mucho masturbación, que eso es como un masaje.
Falsa analogía como un burro. Por supuesto que la masturbación es sexo y por supuesto que pagar a alguien para que te masturbe es prostitución.
Aquí opera el falocentrismo, nuevamente la cosificación del sexo y de las personas, y el concepto de sexo como dominación, que es la base de la “prostitución generalista”: “posesión/penetración de una mujer”.
En un mercado en el que el sexo y las personas se cosifican, ¿puede hacer una “prostitución de nicho”, basada exclusivamente en masturbación y que use a las personas como “cosas que te ponen cachondo y te masturban”?, pues obviamente sí. Y sigue siendo prostitución.
Pero no es solo masturbación, la asistente puede simplemente mirar y ayudar a que ellos mismos se masturben.
Falacia de definición interesada y reduccionismo, que intenta rebajar la carga sexual y de violencia del acto reduciéndolo a una versión “light”, para que parezca otra cosa. No, mira, para “enseñarte a masturbarte” existe precisamente la formación en sexualidad orientada a personas con discapacidad intelectual, por ejemplo, que tanto se demanda y tanto tarda en llegar, porque al OPUS le parece mejor la prostitución de toda la vida que la sexualidad deje de entenderse como pecado.
¿Qué pasa con la gente que no tiene manitas y no puede pagarse unas prótesis?
Este es el perrito con todo de las falacias sobre la Asistencia Sexual, y lleva Ad misericordiam, desplazamiento del foco y falsa dicotomía.
Volvemos otra vez a apelar a la lástima, luego desplazamos el foco moral y político del debate sobre alquiler de personas para sexo para ponerlo en el pequeño porcentaje de población sin manitas con cuya existencia pretendemos desactivar la crítica. Por último, planteamos un falso escenario consistente en A) alquiler de mujer para el pobre señor sin manitas B) Abandono del pobre señor sin manitas. Y no, hay miles de puntos intermedios que no incorporan el alquiler sexual de nadie. Amén de que físicamente una persona puede tener placer y orgasmo durante el sueño porque el cuerpo es sabio, no te hace falta tener manitas.
Te dejo por aquí webs de interés para seguir profundizando sobre el tema:
Además, tienes las falacias también en el feed de @disi_dencias, en forma de Carrusel, para que puedas compartirlo de manera práctica para ti :)








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