Alika Kinan: La prostitución es una esclavitud que hoy no solo está aceptada, sino que se celebra.
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Tuve el honor de conocer a Alika Kinan en mi primera época de activista feminista. Es una de las mujeres de las que más he aprendido, en todos los aspectos. Tiene una inteligencia y una entereza totalmente fuera de la norma. Y de lo terrible ha creado análisis de grandísima utilidad para todas.
Volví a encontrarla este año. Igual de brillante que siempre. Volvemos a compartir perspectivas de un mundo que no cambia; aparenta transformarse mientras sigue girando alrededor del mismo eje: el poder machista.
Te va a encantar esta entrevista. Quédate y comparte.
Como sobreviviente y activista, has denunciado durante años que el sistema prostituyente no funciona como una suma de “decisiones individuales”, sino como una estructura económica global basada en desigualdad, violencia y vulnerabilidad. ¿Qué crees que sigue sin entender buena parte de la sociedad sobre cómo opera realmente la prostitución?
Como sobreviviente de este sistema, considero que la sociedad, en términos generales, no termina de comprender estos conceptos que planteas, Judith. Ni la desigualdad, ni la violencia, ni la vulnerabilidad se entienden del todo. La desigualdad, a menudo, se reduce a una dicotomía: quien nace en una cuna rica versus quien nace en cuna pobre; o se asocia a la condición de ser hombre o mujer. Sin embargo, la desigualdad se reproduce incluso dentro de las familias, donde se generan jerarquías. No es tan simple como aprobar una ley de igualdad entre los sexos y pensar que conquistamos derechos. Hay que trabajar profundamente en las estructuras sociales: en las familias, en las escuelas. Incluso para un docente, no todos los alumnos son iguales, aunque se encuentren en los mismos estándares.
Lo mismo ocurre con la violencia. A pesar de los avances, seguimos sesgando su análisis y no hemos entendido otras formas de violencia. La vulnerabilidad, asimismo, se reduce a la pobreza, pero esta es solo la semilla.
Las feministas y las activistas por la abolición de la prostitución llevamos décadas trabajando, pero no hemos logrado desandar estos caminos milenarios. La prostitución es una esclavitud que hoy no solo está aceptada, sino que se celebra.
Las feministas y las activistas por la abolición de la prostitución llevamos décadas trabajando, pero no hemos logrado desandar estos caminos milenarios. La prostitución es una esclavitud que hoy no solo está aceptada, sino que se celebra.
En los últimos años plataformas como OnlyFans se presentan como una forma de sexualización económica que “empodera” y le da “autonomía” a las mujeres. ¿Ves diferencias reales entre estas nuevas plataformas y formas tradicionales de explotación sexual, o consideras que comparten la misma lógica de mercado?
En mi experiencia, es muy complejo tomar una posición definitiva, porque, aunque tengo claridad en estos temas, OnlyFans, en particular, seduce de manera similar a la prostitución.
No se puede hablar de empoderamiento, aunque sí genera una forma de independencia económica. La mujer puede acumular recursos, comprar una propiedad, costear sus estudios, pero a un costo muy alto. Es una ilusión de autonomía, porque, al final, el precio es enorme.
No existe un empoderamiento real, sino una lógica de mercado que sexualiza nuestros cuerpos. Esto es violencia machista. Los costos son altísimos, y, aunque se presenta como una vía de escape, no se aparta de la lógica de mercado que explota la sexualización de las mujeres.
Es el extremo visible, pero hay muchas otras plataformas que nos siguen sexualizando y nos exponen a la violencia machista de manera profunda.
No se puede hablar de empoderamiento, aunque sí genera una forma de independencia económica. La mujer puede acumular recursos, comprar una propiedad, costear sus estudios, pero a un costo muy alto. Es una ilusión de autonomía, porque, al final, el precio es enorme.
¿Qué efectos culturales y políticos tiene la normalización y propagación de los discursos que asocian crear contenido sexual a independencia, éxito y libertad financiera?
En esta era capitalista, donde se contabiliza todo, el éxito se basa más en cuánto tiempo podemos disfrutar de lo que hacemos. Los efectos culturales son dramáticos: se desmoronan los principios y valores del tejido social. Y aunque antes creía que solo las mujeres podíamos salvar a otras mujeres, hoy entiendo que, más allá de eso, solo las mujeres podemos desarmar las grietas de la precarización que vivimos.
Culturalmente, se normaliza cada vez más la explotación sexual, incluso de adolescentes y niñas. Y políticamente, es un desafío casi inviable, porque enfrentamos al capital, que es casi imbatible. Y, tristemente, cuando muchas mujeres se suman a normalizar esta explotación, se crea una norma que nos afecta a todas, y ese precio es prácticamente ineludible.
¿Te preocupa que el feminismo haya perdido capacidad para cuestionar la mercantilización sexual, que nos hayan colado la falacia de la libre elección y cualquier crítica se interprete automáticamente como moralismo o censura?
Sí, me preocupa profundamente que el feminismo haya perdido capacidad para cuestionar la mercantilización sexual. Esa ha sido su bandera histórica, pero siento que, como feministas, hemos sido distraídas. Nos hemos desviado hacia otras causas, y algunas feministas han olvidado su propia moral como mujeres.
El feminismo es un movimiento radicalmente progresista, antiesclavista, un movimiento político y social por y para las mujeres. Y, aun siendo una obviedad, dentro del propio feminismo hay sectores que han intentado suavizar nuestra crítica, interpretándola como moralismo o censura. Pero, como feministas, no podemos retroceder.
Debemos mantenernos firmes en nuestra ética feminista, no desde una moral religiosa, sino desde una moral de mujeres. Es un límite claro: hasta dónde, como mujeres, podemos sostener o rechazar estas prácticas. Esa brújula es la que no debemos perder, porque es el corazón del feminismo y nuestra lucha.
Has hablado en numerosas ocasiones sobre la responsabilidad del Estado. ¿Hasta qué punto consideras que muchos gobiernos no solo toleran, sino que terminan protegiendo económicamente el sistema prostituyente?
Creo que muchas personas aún no entienden el rol del Estado, que es proteger a su sociedad en todos los sentidos: educación, cultura, crecimiento personal.
Sin embargo, hay gobiernos que dejan de proteger a las mujeres y, en cambio, obtienen un rédito económico de la explotación, lo vemos en muchos países donde se regula la prostitución como una forma de autonomía.
En esos gobiernos reglamentaristas, vemos al Estado hablando casi como un activista, pero lo que defiende en realidHas hablado en numerosas ocasiones sobre la responsabilidad del Estado. ¿Hasta qué punto consideras que muchos gobiernos no solo toleran, sino que terminan protegiendo económicamente el sistema prostituyente?
Creo que muchas personas aún no entienden el rol del Estado, que es proteger a su sociedad en todos los sentidos: educación, cultura, crecimiento personal.
Sin embargo hay gobiernos que dejan de proteger a las mujeres y, en cambio, obtienen un rédito económico de la explotación, lo vemos en muchos países donde se regula la prostitución como una forma de autonomía.
En esos gobiernos reglamentaristas, vemos al Estado hablando casi como un activista, pero lo que defiende en realidad es un rédito económico, usando el cuerpo de las mujeres. Ahí es donde hablamos de esos Estados proxenetas, esos Estados rufianes, que rozan la moral, porque usan a las mujeres como moneda de cambio y traicionan su obligación de proteger a la sociedadad es un rédito económico, usando el cuerpo de las mujeres. Ahí es donde hablamos de esos Estados proxenetas, esos Estados rufianes, que rozan la moral, porque usan a las mujeres como moneda de cambio y traicionan su obligación de proteger a la sociedad.
En muchos países vemos un resurgimiento de la extrema derecha y, al mismo tiempo, sectores progresistas defendiendo modelos regulacionistas de prostitución. ¿Te preocupa que el feminismo, como fuerza contraria a esos modelos, deje de considerarse progresista por la sociedad?
Me preocupa esa peligrosa asociación entre las extremas derechas y un modelo que, en esencia, es progresista, como el feminismo. No es que me preocupe sentarme a dialogar con alguien de extrema derecha y llegar a esa coincidencia, pero sí me preocupa que se instrumentalice al feminismo, desde cualquier espectro, desde la izquierda hasta la derecha.
En muchos países, el feminismo ha sido instrumentalizado por distintas corrientes, aunque sea con buena intención, para cuidar la causa. Por eso, debemos seguir trabajando nuestra destreza como feministas, usando las herramientas que queramos, pero siempre escapando a esa instrumentalización, porque ahí está la dificultad real.
En muchos países, el feminismo ha sido instrumentalizado por distintas corrientes, aunque sea con buena intención, para cuidar la causa. Por eso, debemos seguir trabajando nuestra destreza como feministas, usando las herramientas que queramos, pero siempre escapando a esa instrumentalización, porque ahí está la dificultad real.
¿Crees que el avance de discursos ultraconservadores puede terminar reforzando aún más la violencia sexual y la cosificación de las mujeres, escudándose en que esa violencia la elegimos las mujeres según nuestra moralidad?
Cualquier discurso ultraconservador pone en riesgo nuestra libertad como mujeres. Y, de hecho, no hay nada más cercano a un ultraconservador que un ultraprogresista de izquierda, porque al final las mujeres terminan siendo llevadas al mismo lugar. Eso es algo que aún no terminamos de entender las feministas: creer que, si nos acercamos al extremo progresismo, vamos a estar a salvo. Y no, no estamos a salvo.
Por eso, debemos estar siempre alertas, porque ni los discursos de izquierda ni los de derecha, conservadores, nos van a salvar. Ahí es donde debemos poner la mayor atención, para no caer en esa trampa, y seguir luchando con una mirada crítica constante.
¿Por qué hemos llegado a este punto global de liberalismo extremo en el que todo se elige, empezando por la pobreza, y las políticas sociales se interpretan como oportunismo? ¿En qué ha acertado la derecha y en qué ha fallado la izquierda para que estemos en este punto?
Hemos llegado a este punto global de liberalismo extremo porque tanto la derecha como la izquierda, han llevado sus políticas al límite. No se trata de juzgar a una u otra corriente como totalmente mala, sino de entender que, al perder el balance, se corrompieron esos modelos.
En América Latina, por ejemplo, vimos cómo países como Cuba, Venezuela o Argentina, que fueron faros de justicia social, se deformaron con el tiempo. La falta de renovación de ideas y dirigentes los dejó sin modelos educativos ni de salud legítimos.
Creo que la clave no está en demonizar a uno u otro, sino en vigilar el poder, asegurarnos de que no se abuse, y trabajar por un equilibrio que responda a las necesidades reales de la sociedad.
Después de todo lo vivido, ¿qué opinas del uso constante del término “trabajo sexual” en medios e instituciones? ¿Crees que modifica la percepción pública de la violencia inherente al sistema prostituyente?
Después de lo vivido, considero que el uso constante del término “trabajo sexual” en medios e instituciones banaliza y desdibuja la violencia estructural que sostiene el sistema prostituyente.
Al enmarcarlo como un trabajo, se diluye la coerción, la desigualdad y el contexto de precariedad. Si no se cuestiona esta denominación, corremos el riesgo de naturalizar la explotación, perdiendo de vista que, más allá del lenguaje, lo que hay es un sistema que perpetúa la vulnerabilidad de las mujeres.
Por eso, es fundamental repensar el lenguaje que usamos, para no caer en una falsa neutralidad, sino para visibilizar siempre la raíz de la violencia. Sigue despertando mi ira, al igual que la palabra puta. Nunca me voy a acostumbrar.
Como Alika Kinan, más allá incluso de ser superviviente, activista y divulgadora, has conseguido algo que nadie ha hecho: llevar a juicio a proxenetas y sentar en el banquillo al poder. ¿Qué obstáculos encuentran todavía las mujeres explotadas cuando intentan denunciar redes de prostitución y trata?
Las mujeres explotadas siguen encontrando enormes obstáculos al intentar denunciar. El miedo es uno de los principales: temor a las represalias, a no ser creídas, o a perder lo poco que tienen, e incluso la falta de herramientas de la propia víctima para comprender un fenómeno tan complejo.
Además, el estigma social es profundamente revictimizante: las mujeres son juzgadas, estigmatizadas y a menudo sienten que la culpa recae en ellas, desalentando las denuncias.
Aunque Argentina cuenta con una ley de trata robusta y ha ratificado tratados internacionales, la realidad es que la protección estatal muchas veces no se concreta. Hay una falta de acompañamiento integral: las víctimas reviven su trauma, se enfrentan a funcionarios que las revictimizan, y además, la falta de presupuesto y la corrupción estatal amplifican su vulnerabilidad. Y esto es una característica de todas las gestiones gubernamentales que han pasado por mi país. Arman y desarman áreas que nadie sabe para qué funcionan o que confunden tanto a la víctima como al común de la gente.
¿Qué mensaje le darías a las adolescentes y jóvenes que hoy crecen en una cultura donde monetizar el propio cuerpo se presenta casi como una salida laboral legítima, moderna e incluso aspiracional?
A las adolescentes y jóvenes les diría que su valor no está en la monetización de su cuerpo. Es vital que se cuestionen las narrativas que les venden como aspiración, porque no es una fuente genuina de libertad ni de empoderamiento.
Les animo a que se rodeen de redes de apoyo, que busquen educación, que encuentren su voz, y recuerden que sus sueños no se limitan a lo que puedan mostrar o vender.
Su futuro está en sus manos, con lo poco o mucho que tantas de nosotras hemos podido desarrollar a través de nuestras experiencias como un legado para ellas. Mi única respuesta es: estudien, ese el único camino hacia la libertad.




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