Izaro: "El mito de la víctima perfecta se alimenta de nuestro silencio"
- Judith Bosch
- 11 dic 2025
- 9 Min. de lectura
El mito de la víctima perfecta exige mujeres sin aristas, sin contradicciones y, sobre todo, sin voz. Izaro es una estudiante de psicología y superviviente de violación que eligió lo contrario: hablar. Cuando una mujer habla fuera del guion, el sistema entero se resiente y la defensa, para que nada cambie, para que ninguna otra mujer la siga, es tirarle piedras.
Izaro sana cada golpe gracias al apoyo de su psicóloga, su familia y la comunidad feminista que la arropa. Cada piedra le sirve para construir un castillo de argumentos que poco a poco la va convirtiendo en una voz referente, por su valentía y por su autenticidad.
Te invito a redescubrir el significado de romper el silencio en una entrevista que traspasa la piel.
Tu agresor salió de rositas, fugándose antes del juicio, por la cantidad de fallos que el sistema niega tener y, una vez más —que no se nos olvide— porque te alejas del mito de la víctima perfecta y las pruebas y el testimonio también se observan desde el prejuicio. ¿Qué cosas se te pasaron por la cabeza durante el proceso de denuncia?
Me entristeció muchísimo comprobar lo que tantas feministas denuncian de manera incansable: que el sistema funciona perfectamente, sí, pero para proteger y cubrir agresores y revictimizar a las mujeres. Esa es su función. La violencia machista empieza en el “chiste inocente” y escala hasta las mismas instituciones, creadas por hombres, para salvaguardar los privilegios de los hombres. Nada es casual en un mundo que nos maltrata desde que nacemos, porque para funcionar nos necesita débiles, sumisas y sin voz. El mito de la víctima perfecta se alimenta de nuestro silencio.
Esa fuga impune, lejos de callarte, te impulsó a compartir un vídeo de denuncia en redes sociales, desde una posición firme, de mujer entera que sabe lo que quiere expresar y que, por descontado, iba a llamar a la lapidación pública; una vez más, por desbancar el mito de la víctima perfecta. ¿Cuál fue la mecha que encendió tu discurso?
El día que me enteré de que el agresor se había saltado las medidas cautelares que había aplicado la jueza (firmar cada 15 días) y se había fugado a Malí, me quedé totalmente destrozada de nuevo. Era algo que se podía haber evitado a nivel judicial, por ejemplo, habiendo aceptado la solicitud de las medidas cautelares que pidió mi abogada el mismo día de la violación: retirarle el pasaporte y dictar la orden de alejamiento. Yo ya sabía que a nivel legal estaba totalmente desprotegida, pero ese “saber” se convirtió en “sentimiento” después de la llamada de mi abogada. Vi con claridad lo que el sistema machista quiere de las mujeres que hemos sido violadas: que nos cuestionemos, que dudemos de nosotras mismas y que la culpa nos haga callar y obedecer. Los cartelitos de las marquesinas de autobuses te animan a denunciar, pero lo que viene después es un infierno que solo se sana si hablas por ti misma, fuera de los juzgados y sin fiscales que te pregunten poco menos que “cómo te dejaste violar”. Sabía que el vídeo me iba a traer insultos, pero también sabía que tener voz era la única manera de empezar a sanar. Y si el sistema no me da voz, me la doy yo misma a través de las redes.
La violencia machista empieza en el “chiste inocente” y escala hasta las mismas instituciones, creadas por hombres, para salvaguardar los privilegios de los hombres.
¿Qué pasó después de darle al botoncito de “publicar”?
Torbellino emocional: estaba orgullosa de mí misma y arrepentida al mismo tiempo, liberada y muerta de miedo. Sin embargo, es lo mejor que pude hacer. De verdad: a mí me han salvado la vida mi madre y mi padre, hablar y señalar dónde falla el sistema patriarcal.
Hablas de tu madre y tu padre, tu psicóloga, la comunidad feminista que te apoya. ¿Qué pasa con tu entorno de amistades?
Pasa que tomando una cerveza y salvando el mundo desde una terraza, todas las chicas jóvenes son feministas, pero a la hora de la verdad, callar junto al patriarcado es la opción fácil y segura. Ser feminista no es un adjetivo vacío, tampoco es aceptar lo que te vino dado por haber nacido en este siglo: ser feminista es cuestionar, rebelarte, apoyar a la mujer que está siendo juzgada por el sistema. Si no incomoda, si no es rebeldía, no es feminismo.
Es curioso el proceso de lapidación pública que hubo después de publicar el vídeo. Primero la derecha, en lugar de lapidarte, “te apoyó” para poder incorporar tu caso a su discurso racista. Ahí tuviste un gesto de valentía que pocas personas hubieran tenido: confrontar el discurso racista y decirle a la derecha “conmigo no contéis”. Y voilà: violencia multiplicada por tres. Mensajes impunes y tan soeces como: “Tú lo que quieres es que te viole otro negro”. ¿Qué factores sociales e institucionales facilitan que este fenómeno se repita hasta el infinito, ahora con el doble tirabuzón de la derecha?
A nivel social las violaciones siguen estando normalizadas y justificadas. Y las víctimas, si no aparecemos con medio cuerpo roto a palos y los ojos inflados de llorar, no existimos: no somos víctimas, somos “putas que se quieren aprovechar de un pobre hombre que sucumbió a sus instintos, pobrecito”. Es el eterno dilema de Eva vs. la Virgen María. La víctima perfecta es la Virgen María: no existe. Nadie cumple con todas esas características que nos hacen socialmente “creíbles”, así que el 99% de las mujeres violadas somos las Evas que quieren sacar a los hombres del paraíso. Y nos lo echan en cara tanto hombres como mujeres; la mitad de los comentarios machistas los recibí de mujeres. La extrema derecha, por su parte, quiere jugar el rol de salvadora de mujeres, pero no: es franquismo reciclado que amenaza con aniquilarnos si no le bailamos el agua. En el momento en el que les dije lo que son —racistas— pasé de ser un caso que vocear para justificar su discurso a convertirme en “puta”.
Tomando una cerveza y salvando el mundo desde una terraza, todas las chicas jóvenes son feministas, pero a la hora de la verdad, callar junto al patriarcado es la opción fácil y segura.
Sobre el racismo… tiene que ser difícil mantener esa entereza y no dejarte llevar por el propio funcionamiento simple del cerebro. Si te viola un tipo rubio y ves un tipo rubio por la calle, te alarmas. Si te viola un tipo con cierto perfume y hueles ese perfume en la calle, te alarmas. Lo mismo pasa si te viola un tipo de una etnia concreta, claramente diferenciable. ¿Cómo estás llevando esa contradicción entre lo que piensas y lo que sientes?
En primer lugar, ese hombre me violó por ser un hombre violador, no por pertenecer a ninguna etnia concreta. De hecho, puestos a poner la etnia como argumento, los violadores en serie más atroces de todos los tiempos son más blancos que yo. En segundo lugar, él está fuera de España, fugado, eludiendo un juicio por el fallo del sistema español, no por su etnia. En tercer lugar, su etnia tampoco justifica la cantidad de insultos machistas que he recibido, que los he recibido de españoles, por el machismo que hay en España, no por el machismo que haya en Malí. Y sí, veo a hombres de su etnia y me rayo, y necesito superarlo porque me hace sentir muy mal. He recibido una educación muy buena y no quiero que esta experiencia tire por tierra la educación y el civismo que me inculcaron mis padres.
A raíz de tu experiencia con la violencia vivida en redes y como estudiante de psicología, has tenido ocasión de estudiar bien la machosfera. ¿Qué nos puedes contar de este ecosistema que inunda las redes y capta a hombres y a niños? ¿Encuentras diferencias sustanciales entre la machosfera y la fratría de toda la vida o crees que la machosfera es simplemente eco de un sistema de socialización y captación machista con siglos de historia?
La machosfera es la misma de toda la vida, solo que ahora tiene versión digital. Los discursos de odio hacia nosotras tienen un altavoz enorme: insultos, amenazas, humillaciones, victimización masculina… Si visibilizas la violencia machista en redes, te llega todo. Esto es especialmente peligroso porque hoy chicos y chicas de 14 años reciben vídeos diciendo que si una mujer estresa a un hombre “es normal que luego las maten”, que el feminismo es mentira, que somos manipuladoras, que somos inferiores. Esa manipulación temprana es germen de puro atraso. En esencia, no es nada nuevo: solo está actualizado y amplificado por las redes sociales.
Quiero poner un mensaje especialmente violento que has recibido hace poco y que has denunciado públicamente (espero que también en los juzgados). Esto es una amenaza en toda regla: un “Si has sido violada y lo cuentas, vas a volver a ser violada. Cállate”. Detrás de ese mensaje hay un discurso que existe desde hace siglos: hasta hace no tanto, las mujeres violadas eran carne de violación repetida. “Estaban rotas”, podían seguir siendo humilladas, desgarradas, golpeadas. ¿Por qué crees que la juventud está recuperando mensajes tan dañinos con semejante rapidez e impunidad?

Porque estamos permitiendo que se demonice la igualdad entre sexos y la defensa de los derechos de las mujeres. Estamos dejando que pase. La juventud lo recoge y lo repite. Se ha puesto de moda decir —tanto en redes como en la calle— frases como “desmontando el negocio del feminismo”. Cuando escucho eso, siento que invalidan todo lo que sufrimos las mujeres solo por ser mujeres.
Ese tipo de discursos alimenta un clima donde aumentan las agresiones sexuales, los abusos y los feminicidios. Y para nosotras es agotador recibir odio y, además, escuchar cada día que han agredido, violado o matado a otra chica. Lo vivimos a diario: miradas lascivas, comentarios asquerosos, gestos… cosas que ya forman parte de nuestra rutina. Mensajes como el de este individuo no son obra de un energúmeno aislado: son fruto del atraso social que está volviendo.
Hoy chicos y chicas de 14 años reciben vídeos diciendo que si una mujer estresa a un hombre “es normal que luego las maten”, que el feminismo es mentira, que somos manipuladoras, que somos inferiores. Esa manipulación temprana es germen de puro atraso.
Como estudiante de psicología, ¿cómo te ha ayudado tu formación a comprender o acompañar tu propio proceso de recuperación? ¿Qué importancia le das a la psicología con perspectiva de género y hasta qué punto crees que es necesaria como herramienta para las mujeres a la hora de enfrentar todas las violencias que sufrimos?
Mis estudios en psicología me han ayudado a ver todo el dolor que nos puede llegar a causar el machismo, además de mi experiencia. La perspectiva de género es clave: visibiliza las violencias que viven las mujeres y ofrece herramientas para afrontarlas, acompañarlas y transformarlas. Es necesaria para garantizar una atención realmente justa y reparadora. Esto es lo que les falla a las instituciones y a la justicia. Así que, definitivamente, la psicología con perspectiva de género no solo es una herramienta clave para la sanación individual, sino también un motor de cambio. Necesitamos fomentarla y que esté presente en los planes educativos.
Hablando de educación, ¿qué papel debería tener la educación reglada en la prevención de la violencia machista y en la formación en igualdad? ¿Está al nivel de lo que la juventud necesita hoy?
La educación sobre la violencia sexual se podría fomentar mucho más en los colegios. En vez de dar solo importancia a cómo poner bien un condón (que es muy importante), también trabajaría mucho la toma de conciencia sobre la violencia de género, el consentimiento y cómo desmontar los estereotipos de género en edades tempranas. El sistema educativo es clave también para perpetuar el machismo; por eso nunca ha estado ajustado a las necesidades que tenemos las jóvenes generaciones. Hace falta más compromiso institucional y más recursos para ello.
La psicología con perspectiva de género no solo es una herramienta clave para la sanación individual, sino también un motor de cambio. Necesitamos fomentarla y que esté presente en los planes educativos.
Necesito que acabemos la entrevista con un mensaje para las chicas jóvenes que han vivido una violación. ¿Qué mensajes o herramientas te gustaría compartirles?
Para empezar, que se rodeen de gente que las escuche, que las vea realmente como están y que las entiendan, porque como ya he comentado antes, hay mucho feminismo disfrazado y muchas veces las amistades o la familia, en lugar de sanar, desgarran más la herida. Si te hacen sentir aún más “culpable” de lo que ya te sientes, ahí no es. Sobre la culpa: la sentimos todas. Ninguna es “la víctima perfecta”. El cuerpo es inteligente y quedarse quieta, en shock, también es un mecanismo de defensa. También es posible que los músculos lleguen a relajarse para evitar el dolor: esto puede pasarnos en una violación y hace que nos explote la cabeza de culpa. Además, a las mujeres se nos enseña a cuidar y a mimar; no se nos enseña a defendernos. Si no te defendiste por miedo a “hacerle daño”, también es normal. Si todas habláramos, no veas la cantidad de prejuicios que romperíamos. Si tienes muchas ganas de hablar sobre ello, incluso públicamente, anímate a hacerlo. A mí es lo que me ha salvado: si no, te hundes más.
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